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El combate al tráfico ilegal de armas en México representa un reto constante para el Gobierno de México, con un impacto significativo en la seguridad y la economía del país. De acuerdo con estimaciones recientes, la respuesta gubernamental a la violencia derivada del uso ilícito de armas de fuego ha tenido un costo de al menos 1.5 puntos del Producto Interno Bruto (PIB), equivalente a aproximadamente 450 mil millones de pesos. Este monto, destinado a la prevención y contención de un problema creciente, refleja la magnitud del desafío que enfrenta el Estado para garantizar la paz y la seguridad de los ciudadanos.

El mercado de armas en México se mueve en distintos niveles. Existe un mercado formal, completamente regulado en su importación y exportación, con un registro oficial y monitoreo estricto de las autoridades. Sin embargo, el principal problema radica en el tráfico ilegal de armas provenientes de Estados Unidos, una situación que el Gobierno de México ha denunciado en instancias judiciales internacionales. A ello se suma el contrabando hormiga, una modalidad más difícil de cuantificar, pero que contribuye al armamento de grupos delictivos.
En el ámbito legal, el comercio de armas en México representó un intercambio internacional de 199 millones de dólares durante el último año, según la Secretaría de Economía. De esta cantidad, 108 millones correspondieron a importaciones y 91 millones a exportaciones. Las principales entidades involucradas en la venta de armas al extranjero son Tamaulipas y Baja California, mientras que el Estado de México, la Ciudad de México, Tamaulipas, San Luis Potosí y Nuevo León destacan en la compra de armamento internacional.
No obstante, el mercado ilegal de armas genera flujos aún más preocupantes. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el tráfico ilícito de armas en México moviliza entre 224 y 270 millones de dólares anuales, aunque otras fuentes presentan cifras variadas debido a la naturaleza clandestina de esta actividad. Se estima que hasta 250 mil armas cruzan anualmente la frontera norte de manera ilegal, lo que alimenta la violencia y fortalece a grupos generadores de inseguridad en diversas regiones del país.
Uno de los métodos más utilizados para el contrabando es el llamado tráfico hormiga, en el cual intermediarios conocidos como “compradores testaferros” adquieren armas legalmente en Estados Unidos y posteriormente las entregan a redes criminales a cambio de una recompensa. Esta modalidad ha sido documentada por el Centro de Políticas sobre Violencia, con sede en Washington, y forma parte de las pruebas presentadas por el Gobierno de México en su demanda contra fabricantes de armas estadounidenses, en busca de una mayor regulación y responsabilidad por el flujo ilegal de armamento hacia territorio nacional.
El impacto financiero de esta problemática no solo se refleja en el comercio ilegal de armas, sino también en los costos de seguridad y prevención que asume el país. Fabián Medina, exjefe de la oficina de la cancillería mexicana, destacó en un estudio publicado en la Revista Mexicana de Política Exterior que la contención de delitos con armas de fuego ha representado un gasto de hasta 1.5% del PIB, recursos que podrían destinarse a programas de bienestar y desarrollo social.
En los últimos años, el tráfico de armas ha mostrado una tendencia creciente. Mientras que entre 1997 y 1999 generaba aproximadamente 30 millones de dólares anuales, entre 2010 y 2012 esta cifra ascendió a 127 millones de dólares por año. Actualmente, el mercado ilegal supera los 200 millones de dólares, lo que demuestra la urgencia de fortalecer las acciones contra el tráfico ilícito de armas y su impacto en la seguridad nacional.
El Gobierno de México continúa impulsando estrategias para frenar el tráfico de armas, reforzando la cooperación con instancias internacionales y exigiendo mayor regulación en la venta de armamento en Estados Unidos. La seguridad del país es una prioridad, y el combate al flujo ilegal de armas es una pieza clave para la construcción de un México más seguro y en paz.