Trump y su juego de aranceles: el regreso de la presión y las mentiras
Donald Trump, el eterno maestro del engaño político y económico, vuelve a las andadas con su conocida táctica de presión y amenazas, esta vez usando el T-MEC como arma para buscar beneficios unilaterales. En su obsesión por devolver empleos al sector automotriz estadounidense y repatriar empresas instaladas en México, recurre al discurso del miedo, acompañando sus amenazas comerciales con el uso de temas sensibles como la migración y el tráfico de drogas, en particular el fentanilo, como coartada para justificar su juego sucio.

La estrategia del magnate republicano es transparente: bajo la fachada de preocupación por problemas migratorios y de seguridad, Trump intenta consolidar un discurso populista que le garantice apoyo político y una victoria fácil ante su base electoral. Su reciente negativa a estar usando los aranceles como mecanismo de presión respecto al T-MEC, mencionada en una entrevista difundida anoche, no es más que una cortina de humo. Sus palabras son contradictorias con sus acciones, un patrón que ya conocemos bien desde su primera administración.
Aranceles y migración: el disfraz de un plan egoísta
Trump ha intentado vincular, de forma burda, su política económica con temas migratorios y de narcotráfico. Esta narrativa, aunque sensacionalista, busca mantener vivo el miedo entre su base electoral y desviar la atención de las verdaderas intenciones detrás de sus amenazas comerciales: la búsqueda de beneficios exclusivos para Estados Unidos a costa de México y Canadá. En este sentido, retoma su vieja costumbre de culpar a México de los problemas internos de su país, como si un muro (físico o arancelario) pudiera resolver las profundas desigualdades estructurales que enfrenta Estados Unidos.
Ayer, por ejemplo, el Departamento de Seguridad Nacional anunció la reactivación del programa Quédate en México sin previa consulta formal con el gobierno mexicano. Este programa, además de ser inhumano, refleja una actitud imperialista al imponer políticas migratorias sin consideración por los derechos humanos de las personas migrantes ni el impacto en México. A esto se suma la decisión de eliminar restricciones que prohibían detener migrantes en escuelas, hospitales e iglesias, profundizando la criminalización de los sectores más vulnerables.
La respuesta de México: firmeza y diálogo
Frente a estas agresiones, el gobierno mexicano, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, ha optado por una estrategia de cabeza fría y análisis cuidadoso. En lugar de caer en el juego de provocaciones de Trump, la administración mexicana ha señalado la importancia de actuar con base en hechos concretos y no en declaraciones altisonantes. Sheinbaum ha desmenuzado las acciones ejecutivas firmadas por Trump, demostrando que hay una distancia significativa entre su retórica beligerante y las medidas formales que ha implementado.
Aunque algunos sectores puedan considerar insuficiente esta postura prudente, es una estrategia sensata ante un personaje como Trump, que basa su poder en la confrontación y el espectáculo. México no puede ni debe responder con el mismo nivel de irracionalidad, y la apuesta por el diálogo y el respeto al marco institucional es una postura que busca preservar la estabilidad y defender los intereses nacionales sin caer en provocaciones que podrían derivar en conflictos mayores.
Trump y su base: un círculo de violencia y manipulación
Es importante destacar que muchas de las acciones y declaraciones de Trump están diseñadas para complacer a su base electoral, un grupo que incluye sectores radicalizados y xenófobos. Durante su primera administración, otorgó indultos y privilegios a personas que participaron en actos de violencia, y ahora busca reforzar ese apoyo con medidas que castigan a las minorías y los migrantes. Este enfoque, además de ser peligroso, revela una falta de interés por resolver problemas estructurales, priorizando el beneficio político personal sobre el bienestar colectivo.
El caso del fentanilo es un ejemplo claro de esta estrategia. Si bien el tráfico de esta sustancia es un problema real que requiere cooperación internacional, Trump utiliza el tema como herramienta política para justificar medidas agresivas contra México, en lugar de trabajar en soluciones conjuntas que ataquen las raíces del problema.
Una apuesta por la estabilidad
La administración de Claudia Sheinbaum ha dejado claro que no permitirá que las presiones de Trump dicten el rumbo de México. En lugar de responder con el mismo nivel de agresividad, el gobierno mexicano busca posicionarse como un interlocutor serio y responsable, dispuesto a defender los intereses nacionales en el marco del T-MEC y más allá.
Este enfoque no solo es una respuesta directa a las tácticas de Trump, sino también un mensaje a la comunidad internacional: México es un país soberano que no cederá ante presiones unilaterales. La apuesta por el diálogo y la racionalidad es una muestra de madurez política que contrasta con el estilo caótico y confrontativo del expresidente estadounidense.
Conclusión
Trump, en su búsqueda por recuperar la presidencia, retoma sus viejas tácticas de intimidación y amenazas, usando el T-MEC y los aranceles como herramientas de presión. Sin embargo, la respuesta de México, bajo el liderazgo de Claudia Sheinbaum, demuestra que nuestro país no caerá en el juego del magnate republicano. Con firmeza y cabeza fría, México está preparado para defender su soberanía y sus intereses frente a un vecino que, una vez más, recurre a la mentira y la manipulación como estrategia política.
Trump podrá seguir con su retórica de intimidación, pero México, con una postura digna y estratégica, muestra que no hay lugar para los descontones en una relación bilateral basada en el respeto mutuo y la cooperación.