Trump y su guerra comercial: el chantaje que México no aceptará

Donald Trump ha vuelto a desenvainar la espada de la guerra comercial, esta vez arremetiendo contra México con la imposición de aranceles al acero y aluminio. El magnate estadounidense, en su afán imperialista, no solo distorsiona la realidad con cifras infladas —como el supuesto incremento de mil 678% en las exportaciones mexicanas de estos productos—, sino que ignora que su propio país mantiene un superávit comercial en este sector con México. La medida no responde a lógica económica alguna, sino a su conocida estrategia de presión y chantaje, que busca doblegar a sus socios comerciales para obtener concesiones políticas.

Sin embargo, la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido clara y firme: México busca una relación de cooperación con Estados Unidos, pero sin subordinación. En la conferencia matutina, la mandataria subrayó que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ha generado beneficios para los tres países, y que la prioridad de su gobierno es defender los intereses nacionales. A diferencia de administraciones pasadas, que solían inclinarse servilmente ante los designios de Washington, la actual administración no está dispuesta a ceder ante presiones infundadas.

Un ataque sin fundamentos

El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, desmintió categóricamente la cifra que Trump utilizó como pretexto para imponer los aranceles. En realidad, México importa más acero y aluminio de Estados Unidos del que exporta. De hecho, en este comercio bilateral, la balanza favorece ampliamente a los estadounidenses, quienes nos venden casi 6,900 millones de dólares más de lo que nosotros les exportamos. Es decir, lejos de perjudicar a la industria estadounidense, el comercio con México le resulta altamente lucrativo.

Pero si la medida de Trump no obedece a un problema de déficit comercial, ¿qué busca realmente? La respuesta es clara: mantener su narrativa de “América Primero”, a costa de aliados estratégicos como México y Canadá. Trump ha hecho de la confrontación su herramienta de política exterior, sin importarle las consecuencias para su propia economía. Al imponer un arancel del 25% al acero y aluminio mexicanos, se estaría disparando en el pie, pues encarecería los costos de producción de la industria estadounidense que depende de estos insumos.

Un trato desigual e injusto

El cinismo de Trump queda en evidencia al comparar cómo trata a diferentes países en materia comercial. Por ejemplo, a Australia, con quien Estados Unidos tiene un déficit de 315 millones de dólares en este sector, le ha ofrecido una posible exención de aranceles. En cambio, México, que le compra más de lo que le vende en acero y aluminio, es castigado con un arancel injustificado. Algo similar ocurre con Canadá y China, naciones con las que Estados Unidos tiene déficits comerciales aún mayores en este rubro.

Esto demuestra que las decisiones de Trump no se basan en datos ni en el “sentido común” que tanto pregona, sino en un juego político en el que busca presionar a México para obtener ventajas en otros temas, como migración o seguridad fronteriza.

Sheinbaum y la diplomacia firme

Frente a esta agresión comercial, la respuesta del gobierno de Claudia Sheinbaum ha sido serena pero contundente. México no permitirá que se le impongan medidas injustas sin presentar resistencia. La estrategia de la presidenta es clara: diálogo sí, pero con dignidad y con argumentos sólidos en la mesa.

La historia ha demostrado que Trump no entiende de razones cuando no le conviene. Su estilo es el de la imposición, el chantaje y la amenaza. Pero México no es el mismo de antes. Atrás quedaron los tiempos en los que gobiernos como el de Peña Nieto o Calderón aceptaban sumisos cualquier imposición de Washington. Hoy, con Sheinbaum al frente, el país cuenta con una estrategia de defensa firme, respaldada por el peso de los hechos y el respeto a los acuerdos internacionales.

El FMI, cómplice silencioso

Mientras Trump desata una nueva crisis comercial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) mantiene su típica postura de conveniencia: meter las manos en todos los asuntos económicos del mundo cuando le conviene, pero guardar un sospechoso silencio cuando se trata de cuestionar los abusos de Estados Unidos. A pesar de que la imposición de aranceles de Trump tendrá repercusiones globales, el FMI ha decidido no pronunciarse con la excusa de que es “demasiado pronto para evaluar su impacto”. Una actitud que refleja su histórica inclinación a proteger los intereses de las grandes potencias, en lugar de garantizar reglas justas en el comercio internacional.

El chantaje de Trump no funcionará

Trump subestima la capacidad de respuesta de México. Cree que puede imponer su voluntad sin encontrar resistencia, pero se equivoca. La comunidad internacional observa con recelo sus acciones y cada vez son más los países que rechazan su política de amenazas.

El mundo ya ha aprendido que la arrogancia estadounidense solo persiste mientras los demás lo permitan. Y México, con Sheinbaum al frente, no está dispuesto a seguir ese juego. En lugar de ceder ante las presiones de Trump, el gobierno mexicano defenderá con firmeza sus derechos comerciales y su soberanía. La guerra comercial que el magnate intenta imponer encontrará un muro de dignidad y resistencia.

Porque, como dice el viejo refrán: el valiente lo es hasta que el cobarde quiere. Y México ha decidido que no será más el cobarde de esta historia.