Trump y la gran farsa de la criminalización de migrantes

La verdad siempre termina por abrirse paso, incluso cuando los poderosos intentan ocultarla tras una cortina de mentiras y propaganda. Donald Trump, en su afán de avivar el miedo y el odio en su base electoral, ha construido una narrativa falsa en torno a los migrantes, calificándolos de asesinos, capos del narcotráfico y pandilleros. Sin embargo, los testimonios de los propios deportados y las investigaciones periodísticas han desmontado esta gran mentira, revelando el trato inhumano al que fueron sometidos cientos de personas en los recientes vuelos de deportación a Colombia y Brasil.

El canciller colombiano, Luis Gilberto Murillo, ha sido claro y contundente: los migrantes deportados desde Estados Unidos no son criminales ni tienen cuentas pendientes con la justicia en ningún país. Sus declaraciones han sido respaldadas por documentos oficiales y por los propios medios de comunicación estadounidenses, como The Washington Post y The New York Times, que han dado voz a quienes vivieron en carne propia los abusos del sistema migratorio estadounidense bajo la administración republicana.

La brutalidad del proceso de deportación ha quedado al descubierto. Migrantes que apenas habían cruzado la frontera de manera irregular fueron detenidos y rápidamente enviados de regreso sin posibilidad de defender su caso. No eran delincuentes peligrosos, pero fueron tratados como tales: esposados con grilletes metálicos, despojados de sus pertenencias y sometidos a insultos y tratos degradantes.

El horror en los vuelos de la deportación

Uno de los episodios más aterradores tuvo lugar en un vuelo con destino a Brasil, donde 88 migrantes fueron obligados a soportar condiciones inhumanas en un avión con fallas mecánicas. Testigos relataron que, durante las escalas, la aeronave presentó desperfectos en varias ocasiones. Dentro de la cabina, las altas temperaturas y la falta de aire acondicionado hicieron del viaje una tortura. Los hombres iban esposados en la parte trasera del avión, mientras que mujeres y niños permanecían adelante, con evidente angustia ante la situación.

Cuando el avión quedó varado por los desperfectos, los migrantes fueron obligados a permanecer sentados a pesar del calor y la falta de ventilación. La tensión creció hasta que algunos de los pasajeros, desesperados, abrieron las salidas de emergencia y hombres esposados salieron al ala del avión pidiendo auxilio. La escena era dantesca: personas desmayadas, gritos de auxilio y agentes de ICE bloqueando las salidas mientras los pasajeros exigían ser liberados de sus cadenas.

Uno de los testimonios más escalofriantes es el de Luiz Campos, de 35 años, quien expresó su desesperación al ver que nadie les quitaba los grilletes a pesar del peligro evidente. “Dijeron: ‘No. Es el protocolo. Siempre es así’”, relató. La negligencia y el desprecio por la dignidad humana fueron totales.

El horror continuó cuando el avión hizo una parada en Panamá para repostar combustible. Según tres testigos, el motor de la aeronave comenzó a echar humo, provocando un nuevo caos dentro del vuelo. Sin aire acondicionado en medio del calor tropical, el ambiente se tornó insoportable, una auténtica “sauna” de sufrimiento e incertidumbre.

Finalmente, en Brasil, la desesperación de los migrantes los llevó a enfrentarse a los agentes de ICE. En Manaos, los deportados, debilitados por el maltrato, se abrieron paso por los pasillos de la cabina y confrontaron físicamente a los oficiales que los mantenían encadenados. El enfrentamiento se volvió violento: hubo empujones, gritos y golpes. En medio del caos, algunos migrantes lograron abrir las salidas de emergencia y escaparon a las alas del avión, pidiendo ayuda a gritos.

La policía federal brasileña tuvo que intervenir y, al ver la gravedad de la situación, ordenó a los agentes de ICE que liberaran a los deportados. En un giro insólito, fue la justicia de otro país la que tuvo que poner un alto a los abusos cometidos por Estados Unidos.

Trump y su estrategia del miedo

Este escándalo deja en evidencia la hipocresía y la crueldad del discurso antiinmigrante de Donald Trump y la extrema derecha estadounidense. No se trató de criminales peligrosos, sino de seres humanos que fueron tratados como mercancía desechable. El exmandatario republicano no dudó en mentir al decir que “cada uno de ellos es un asesino, un capo de la droga, un capo de algún tipo, un jefe de la mafia o un pandillero”. Sus palabras no tienen sustento en la realidad, pero sí cumplen un objetivo político: sembrar miedo y justificar medidas cada vez más extremas contra los migrantes.

El caso de estos vuelos de la deportación demuestra lo que realmente significa la política migratoria de la derecha estadounidense: violencia, abuso y deshumanización. Trump y su base radicalizada buscan convertir a los migrantes en chivos expiatorios para desviar la atención de los verdaderos problemas que enfrenta Estados Unidos. Mientras tanto, sus políticas inhumanas afectan a miles de personas que solo buscan una vida mejor.

En contraste, los gobiernos progresistas de América Latina han demostrado que es posible abordar la migración con un enfoque de derechos humanos y respeto a la dignidad de las personas. La respuesta de la policía brasileña, al impedir que ICE continuara con sus abusos, es un claro mensaje de que los países de la región no están dispuestos a tolerar la brutalidad de las políticas trumpistas.

El desafío para México y América Latina

Este episodio también es una llamada de atención para México y el resto de América Latina. La política migratoria de Estados Unidos seguirá endureciéndose si Trump regresa al poder, y los gobiernos de la región deben prepararse para enfrentar una posible crisis humanitaria. México, bajo el liderazgo de la Cuarta Transformación, ha apostado por una política migratoria más humana y con énfasis en el desarrollo de los países expulsores de migrantes. Sin embargo, el desafío es grande, y la presión de Washington seguirá aumentando.

Es fundamental que América Latina actúe con unidad y firmeza para evitar que episodios como el de estos vuelos de deportación se repitan. No se puede permitir que Estados Unidos siga tratando a los migrantes como delincuentes sin pruebas ni justificación. La comunidad internacional debe denunciar estos abusos y exigir respeto a los derechos humanos de todos los migrantes, sin importar su estatus legal.

La gran mentira de Trump ha sido expuesta. Ahora, corresponde a los pueblos y gobiernos de América Latina hacer valer la verdad y defender la dignidad de sus ciudadanos. La lucha contra la xenofobia y la criminalización de los migrantes es un reto global, y México debe seguir liderando este esfuerzo con determinación y justicia.