Soberanía Alimentaria: El Segundo Piso de la 4T y la Reconquista de la Tierra

En el umbral del Segundo Piso de la Cuarta Transformación, la historia nos llama a una tarea impostergable: la recuperación de nuestra soberanía alimentaria y el rescate del suelo generoso que durante milenios sostuvo la grandeza de los pueblos mesoamericanos. No es una cuestión de romanticismo ni de nostalgia, sino de necesidad urgente y estrategia nacional. La imposición de modelos agrícolas ajenos a nuestra realidad ha erosionado no solo la fertilidad de nuestras tierras, sino también la dignidad de quienes las trabajan. Ahora es el momento de rectificar el rumbo y devolver a la tierra y a sus guardianes el papel central que les corresponde en la construcción del futuro de México.

El modelo de monocultivo, diseñado en latitudes donde la naturaleza impuso otras reglas, ha sido una herramienta de dominación económica disfrazada de modernidad. El trigo, emblema de las civilizaciones euroasiáticas, se convirtió en el molde de la producción agrícola global sin considerar que cada ecosistema tiene sus propias dinámicas y equilibrios. En México, la milpa no es solo un método de cultivo; es una cosmovisión que integra la biodiversidad, la autosuficiencia y la sustentabilidad. Nuestros ancestros comprendieron lo que la ciencia agrícola apenas empieza a redescubrir: la interdependencia de los cultivos, la regeneración natural del suelo y la resistencia biológica como estrategias superiores a la dependencia de fertilizantes y pesticidas sintéticos.

La Falacia del Progreso y la Destrucción del Suelo Mexicano

Durante siglos, el conocimiento indígena fue menospreciado por quienes trajeron consigo la idea de que el dominio de la naturaleza es sinónimo de desarrollo. Primero, con la imposición del latifundio colonial, que despojó a los pueblos originarios de sus tierras para imponer esquemas de explotación intensiva. Luego, con el neoliberalismo, que a través de tratados comerciales y políticas agrarias desmanteló la producción campesina en favor de la agroindustria trasnacional. La falsa promesa de la modernización agrícola, basada en semillas transgénicas, fertilizantes químicos y cultivos destinados a la exportación, nos ha llevado a la dependencia alimentaria y al empobrecimiento de nuestros suelos.

El resultado es alarmante: tierras agotadas, comunidades rurales empobrecidas y una creciente importación de alimentos que podríamos producir con métodos propios. La paradoja es insultante: México, cuna del maíz, importa millones de toneladas de este grano de Estados Unidos, un país donde se cultiva con métodos que destruyen la biodiversidad y la salud de los consumidores. La “revolución verde” resultó ser un caballo de Troya que benefició a las corporaciones agroquímicas y exterminó la autosuficiencia campesina.

La Oportunidad Histórica: Redistribución de la Tierra y Regreso a la Milpa

El Segundo Piso de la 4T debe cimentarse sobre una nueva reforma agraria que no solo devuelva la tierra a quienes saben trabajarla, sino que establezca un modelo de producción basado en la regeneración del suelo y el respeto por los ecosistemas. Las tierras ejidales y comunitarias, rescatadas de la especulación inmobiliaria y de la expansión voraz de la agroindustria, pueden ser el punto de partida para esta transformación.

Una medida clave en esta estrategia es la redistribución de tierras productivas a los migrantes retornados. Estos compatriotas, que han sido expulsados por un sistema que no les dio oportunidades, poseen el conocimiento y la determinación para reconstruir sus vidas en sus lugares de origen. Si el Estado les proporciona tierras y apoyo técnico basado en el conocimiento agroecológico tradicional, podríamos no solo revitalizar el campo mexicano, sino también resolver problemas estructurales como la migración forzada y la inseguridad alimentaria.

Autosuficiencia Alimentaria: Un Pilar de la Soberanía Nacional

La autosuficiencia alimentaria no es un capricho ni una utopía. Es una necesidad estratégica para cualquier nación que aspire a ser verdaderamente soberana. La dependencia de importaciones nos hace vulnerables a crisis globales, a las manipulaciones de los mercados internacionales y a las imposiciones de potencias extranjeras. Apostar por la producción nacional de alimentos es una cuestión de seguridad nacional.

Para ello, es fundamental que el Estado fomente la producción agroecológica a gran escala, con políticas de subsidio e incentivos que privilegien la diversidad de cultivos, el uso de semillas nativas y la regeneración del suelo. Es necesario fortalecer los circuitos de comercialización interna, garantizando que los productos del campo lleguen directamente a los consumidores sin intermediarios que encarezcan los alimentos y exploten a los productores.

El Desafío: Ciencia contra Humanidad o Convergencia del Conocimiento

No se trata de un enfrentamiento entre la ciencia y la tradición, sino de una integración inteligente de saberes. La agroecología ha demostrado que la tecnología puede estar al servicio de la naturaleza y no en su contra. La biotecnología, en lugar de enfocarse en la manipulación genética para favorecer a los monopolios agroindustriales, debería ponerse al servicio de la preservación de las especies autóctonas y la mejora de prácticas agrícolas sostenibles.

El reto no es menor. Los intereses económicos que sostienen el modelo actual no cederán fácilmente. Las corporaciones agroindustriales, con su poder sobre los mercados y las instituciones, intentarán frenar cualquier intento de transformación. La tarea del gobierno de la 4T es clara: recuperar la rectoría del Estado sobre la política alimentaria y garantizar que la producción agrícola responda a los intereses del pueblo y no a los del capital trasnacional.

Conclusión: El Segundo Piso de la 4T y la Reconstrucción del Campo Mexicano

La historia nos ha puesto en un momento decisivo. La Cuarta Transformación no solo debe consolidar los avances logrados en materia social y económica, sino emprender una verdadera revolución agroalimentaria que nos devuelva nuestra soberanía y dignidad. La tierra mexicana es fértil; lo que ha fallado es la visión de quienes la han administrado con criterios ajenos a su esencia.

La redistribución de tierras a los migrantes retornados, el impulso a la agroecología y el rescate de la milpa como sistema productivo nacional son pasos fundamentales en esta dirección. La autosuficiencia alimentaria no es solo un objetivo económico, sino un acto de justicia histórica y un pilar de nuestra independencia.

Hoy más que nunca, la Cuarta Transformación tiene en sus manos la posibilidad de cambiar el destino del campo mexicano. Es el momento de tomar decisiones valientes, de resistir las presiones de quienes se benefician de nuestra dependencia y de construir un futuro donde la tierra vuelva a ser de quienes la trabajan. La pregunta no es si podemos hacerlo, sino si estamos dispuestos a asumir el compromiso con nuestra historia y nuestro pueblo.