Sheinbaum y el Zócalo entregado: soberanía, integración y un desliz revelador
Claudia Sheinbaum cumplió con altura su primera gran cita en el Zócalo como Presidenta de México, en un acto que, lejos de ser un mero evento festivo, se convirtió en una reafirmación de principios fundamentales para su gobierno: soberanía, integración económica y la continuidad de la Cuarta Transformación.

El evento, realizado bajo un sol abrasador, reunió a más de 350 mil personas según cifras oficiales. Más allá de cualquier debate sobre la exactitud de ese número, lo innegable fue la entrega y el respaldo masivo de la ciudadanía. La multitud no solo escuchó, sino que coreó con insistencia un mensaje claro para la mandataria: “No estás sola”.
Soberanía y respeto en la relación con EE.UU.
Uno de los aspectos clave de su discurso fue la postura firme de Sheinbaum respecto a la relación con Estados Unidos, en particular con Donald Trump. Con una estrategia de Estado, la presidenta evitó cualquier confrontación innecesaria con el exmandatario estadounidense, pero tampoco cedió a la sumisión que tanto caracterizó a los gobiernos del PRI y PAN en su trato con Washington.
En lugar de caer en provocaciones o en un lenguaje condescendiente, Sheinbaum subrayó la importancia de una relación económica basada en el respeto mutuo. Su visión va más allá del tradicional acuerdo trilateral de América del Norte: propuso una integración económica continental, abarcando toda América, con el potencial de convertirla en la región más poderosa del mundo. Se trata de un planteamiento audaz, que rompe con la sumisión histórica de América Latina ante EE.UU. y abre la puerta a un futuro de cooperación en igualdad de condiciones.
Esta postura contrasta con la visión de los sectores conservadores de México, que históricamente han preferido actuar como subordinados de Washington en lugar de negociar con dignidad. Sheinbaum, en cambio, deja en claro que la relación debe basarse en la soberanía y el respeto mutuo, un principio irrenunciable de la Cuarta Transformación.
La política interna y un desliz revelador
Más allá del contenido de su discurso, el evento dejó un momento que, aunque parecía anecdótico, se ha convertido en un síntoma de las dinámicas internas en la 4T. Mientras Sheinbaum caminaba entre los asistentes, un grupo de políticos de alto nivel—Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Manuel Velasco, Luisa María Alcalde y Andrés Manuel López Beltrán—estaban distraídos tomándose una fotografía de grupo.
El detalle no pasó desapercibido. En la política mexicana, donde cada gesto tiene significado, que estos personajes no estuvieran atentos al paso de la mandataria reflejó, para muchos, una desconexión simbólica con el liderazgo de Sheinbaum. Su intento posterior de justificarlo como un simple descuido fue poco convincente.
Este episodio se da en un contexto en el que algunas figuras dentro del movimiento han mostrado señales de jugar a la agenda propia. La presencia de Monreal y Adán Augusto, ambos con historial de maniobras políticas poco alineadas con la visión central del movimiento, refuerza la percepción de que hay quienes ya están pensando en 2030 más que en la consolidación del actual gobierno.
Unidad y consolidación de la 4T
A pesar de estos detalles, el acto en el Zócalo fue un éxito. Sheinbaum demostró que tiene el respaldo popular para llevar adelante su proyecto y que su liderazgo es firme. La asistencia masiva y el entusiasmo de los presentes desmienten cualquier narrativa de división interna significativa.
Los retos no son menores. La relación con EE.UU. requerirá inteligencia y firmeza, mientras que al interior del movimiento será necesario evitar que los juegos políticos individuales socaven el proceso de transformación. Pero si algo quedó claro en este evento es que Sheinbaum tiene el liderazgo y la determinación para enfrentar ambos desafíos.
Su mensaje fue claro: México seguirá su propio camino, con independencia y dignidad, fortaleciendo su economía y consolidando un proyecto de transformación que ya ha demostrado su arraigo en el pueblo. La 4T sigue adelante, con un Zócalo entregado y una presidenta que, como lo coreó la multitud, no está sola.