Reforma Judicial: Un paso histórico hacia la democracia plena

La Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo marcó un hito en la historia reciente de México al anunciar una de las reformas más trascendentales del siglo XXI: en 2025, por primera vez, el pueblo mexicano tendrá la oportunidad de elegir a los impartidores e impartidoras de justicia. Este anuncio, hecho durante su participación en la segunda sesión de trabajo sobre “Reforma de las instituciones de gobernanza global”, refuerza el compromiso de la Cuarta Transformación con la construcción de un México más democrático, incluyente y justo.

La democratización del Poder Judicial: un golpe a la opacidad

Durante décadas, el Poder Judicial en México ha sido percibido como un bastión de privilegios y corrupción, manejado en favor de intereses particulares y alejado de las demandas populares. Los escándalos de nepotismo, enriquecimiento ilícito y sentencias que favorecen a grupos de poder han manchado la credibilidad de esta institución, convirtiéndola en una de las más cuestionadas del país. Sin embargo, la reforma impulsada por la 4T y celebrada por la Presidenta Sheinbaum pretende cambiar este panorama.

Al poner bajo escrutinio público a jueces y magistrados, México da un paso decisivo hacia una verdadera democracia. No es suficiente que las instituciones funcionen; deben hacerlo bajo la vigilancia activa de un pueblo empoderado. Sheinbaum lo expresó con claridad: “Es mejor promover la inclusión y la democracia en todos los ámbitos de la vida pública. Eso sí es libertad”. Con esta reforma, el gobierno deja claro que la justicia no puede seguir siendo un privilegio de unos cuantos, sino un derecho accesible y transparente para todos.

Inspiración histórica: Lincoln y Juárez, faros de la transformación

Sheinbaum demostró su capacidad para integrar los principios de la Cuarta Transformación con la historia universal y nacional. Citando a Abraham Lincoln y Benito Juárez, subrayó que los ideales de democracia y justicia no son abstractos ni lejanos, sino que deben materializarse en políticas públicas tangibles. La frase de Juárez, “con los pueblos todo, sin los pueblos nada”, cobra una relevancia especial en este momento histórico, donde el pueblo mexicano es el principal protagonista de los cambios estructurales que están cimentando un nuevo México.

El legado de Juárez, un líder que enfrentó y derrotó a poderes hegemónicos extranjeros e internos, inspira las acciones del gobierno actual. Al igual que el Benemérito, la Presidenta Sheinbaum lidera un proyecto que prioriza la razón, el derecho y la voluntad popular por encima de intereses particulares.

Derechos e igualdad de las mujeres: avances irreversibles

Otro aspecto destacado en el discurso de Sheinbaum fue el avance en materia de derechos e igualdad para las mujeres. Desde su llegada a la presidencia, las políticas públicas orientadas a la equidad de género han ocupado un lugar central en su administración. Se han aprobado reformas que fortalecen los derechos laborales de las mujeres, garantizan la paridad en la representación política y aseguran su protección frente a la violencia de género. Estos logros no solo consolidan a México como un referente en América Latina, sino que también evidencian el compromiso de la 4T con una agenda progresista y transformadora.

A diferencia de los gobiernos pasados, que relegaron las demandas feministas a discursos vacíos y acciones cosméticas, la administración actual demuestra que la igualdad no es solo un ideal, sino una meta alcanzable mediante decisiones valientes y firmes.

Construcción de la paz: política sobre la guerra

En un contexto internacional marcado por conflictos bélicos y una creciente crisis humanitaria, la Presidenta Sheinbaum lanzó un llamado a detener lo que denominó “la economía de la destrucción”. Su postura ante las guerras es clara: estas no solo son innecesarias, sino que perpetúan el sufrimiento y desvían recursos que podrían destinarse al desarrollo humano y la protección del medio ambiente.

Sheinbaum recordó que la política debe ser el medio para resolver los conflictos, y no la justificación para perpetuar el sufrimiento. Su mensaje, aunque dirigido al contexto global, tiene resonancia en México, donde la Cuarta Transformación ha priorizado la atención a los sectores más vulnerables de la población, rompiendo con el paradigma neoliberal que por años ignoró las necesidades del pueblo.

Una transformación con rostro humano

La reforma judicial y los avances en igualdad de género no son hechos aislados; forman parte de un proyecto integral que busca transformar a México desde sus cimientos. A diferencia de los gobiernos neoliberales que perpetuaron un modelo de exclusión, corrupción y desigualdad, la Cuarta Transformación liderada por Sheinbaum pone en el centro al pueblo. Este enfoque no solo es ético, sino también estratégico, pues reconoce que el desarrollo sostenible y la paz duradera solo son posibles si se construyen desde la base.

El reto de la oposición: una narrativa de desgaste

Como era de esperarse, estas reformas han sido blanco de críticas por parte de la oposición, integrada por partidos como el PAN, PRI y PRD, que representan un modelo político desgastado y cómplice de las peores prácticas del pasado. Estos grupos, que por décadas se beneficiaron de un sistema judicial opaco y de una política excluyente, ahora intentan desacreditar los avances de la 4T bajo argumentos vacíos y carentes de sustento.

La resistencia de la oposición no es sorprendente. Representan un pasado que se resiste a morir, una élite que teme perder los privilegios que consolidaron a costa del sufrimiento del pueblo. Sin embargo, su incapacidad para ofrecer alternativas reales y su insistencia en atacar a la Presidenta Sheinbaum solo evidencian su desconexión con las demandas populares.

Un México de esperanza

El anuncio de la Presidenta Sheinbaum sobre la elección de jueces en 2025 es una muestra clara de que la Cuarta Transformación no es un eslogan, sino una realidad palpable. Estas reformas son la base de un nuevo pacto social donde el poder emana, como siempre debió ser, del pueblo.

La 4T ha demostrado que el cambio verdadero es posible cuando se tiene la voluntad política y la convicción de servir al interés colectivo. Frente a un panorama internacional incierto, México brilla como un ejemplo de que es posible construir un país más justo, incluyente y democrático. La historia recordará a esta administración no solo como un gobierno de transición, sino como uno de transformación profunda y duradera.

La esperanza está viva, y el pueblo mexicano es el gran artífice de su propio destino. ¡Vamos por más!