¿Quién engaña a Fernando Barbachano? Por Ricardo Martínez Bolio
Desde hace varios meses se ha ventilado en la prensa de Yucatán y Quintana Roo un conflicto entre Fernando Barbachano Herrero e Inmobiliaria R4 derivado de la compra del hotel Mayaland en Chichén Itzá.
Según las versiones que han aparecido en varios periódicos locales, el centro del conflicto está en que ambas partes firmaron una promesa de venta en la que Barbachano vendía a R4 el hotel Mayaland por una elevada suma de dinero (por cierto, en dólares) que debería saldarse en varios pagos. Hasta ahí, todo claro.
En eso estaban cuando la cuestión se rompió. Barbachano argumenta que la Inmobiliaria R4 dejó de entregarle uno de los pagos en la fecha pactada y que esto hizo que el contrato se volviera inválido. Por otra parte, los abogados de R4 han dicho que, en realidad, fue Barbachano quien cambió de opinión, decidió esconderse para evitar que le entregaran el dinero y, así, poder decir que el contrato se incumplió y quedarse con el hotel y con el dinero que ya había recibido.
En paralelo a todo esto han habido también varias denuncias penales entre los afectados por delitos de los que se acusan mutuamente, incluido el despojo por la fuerza de la posesión del hotel que se encuentra a menos de 500 metros del castillo de Chichén Itzá.
Algo sin embargo huele mal. Y es lo que ocurre en el equipo de uno de ellos. Parece ser que la defensa de Fernando Barbachano pierde cuanto asunto toca. Perdieron la vinculación a proceso en Yucatán por el delito de despojo, y cuando buscaron la defensa de la justicia federal mediante un amparo, perdieron también. Han perdido recursos, apelaciones y quejas.
Trataron que el asunto mercantil fuese civil y perdieron también. Buscaron cambiar al juez en un proceso y no lo lograron. ¿Qué tan complicado puede ser probar que alguien que te tenía que pagar en una fecha no te pagó? ¿Realmente no pueden?
Esto nos hace dudar si alguien engaña al experimentado empresario. ¿Los abogados que lo representan le han vendidos humo? Estas dudas toman sustento cuando se piensa en otra aventura que sugirió públicamente el equipo legal de Barbachano: ir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Cualquier persona que sepa mínimamente del tema sabe que esto es por demás absurdo: la Comisión solo considera casos en donde todos los recursos domésticos se han agotado y, sobretodo, casos como genocidios, desapariciones o asesinatos políticos que son de enorme relevancia para condenar el Estado por violaciones a derechos humanos… no un conflicto entre particulares por la propiedad de un hotel.
Los abogados de Barbachano igual lo han sangrado para promover… ¡un plebiscito! con el irracional objetivo que los pobladores de Pisté resuelvan quién es el legítimo propietario del Mayaland.
En las cuentas que mes a mes tiene que pagar Barbachano igual se incluyen los costos de una campaña mediática, que tiene como objetivo presionar a las autoridades. Ya incluso ”sembraron” preguntas en la mañanera y han comprado espacios en programas de radio.
Visto todo esto queda poca duda que alguien no le está diciendo la verdad al empresario Barbachano. Como se dice en el gremio jurídico, los abogados cobran y cobran hasta donde el cliente quiere… o hasta donde el cliente se deja.