Petro no se dobló: Trump y la manipulación mediática

La narrativa impuesta por medios alineados con los intereses de Washington buscó reducir el reciente diferendo entre Colombia y Estados Unidos a una supuesta derrota del presidente Gustavo Petro. Titulares incendiarios y análisis sesgados repitieron sin cuestionamiento la versión emanada de la Casa Blanca, asegurando que Trump “dobló” al mandatario colombiano. Pero, ¿realmente ocurrió así?

Más allá del ruido mediático, los hechos muestran una realidad distinta. Petro nunca se opuso a la repatriación de colombianos deportados, sino a las condiciones de abuso y maltrato impuestas por el gobierno estadounidense. En lugar de una rendición, Colombia logró frenar las pretensiones impositivas de Trump y establecer nuevas condiciones para la repatriación: sin esposas, sin tratos indignos y bajo supervisión de su propio gobierno. Lejos de ser una derrota, esto representa un precedente significativo para los países que enfrentan presiones similares.

El sesgo mediático y la manipulación de la Casa Blanca

La estrategia de Washington fue clara: imponer su narrativa antes de que los hechos pudieran ser analizados con profundidad. La versión difundida por la administración Trump se replicó acríticamente en medios internacionales, omitiendo puntos clave como la denuncia de Petro sobre los abusos en las deportaciones. Se ignoró la respuesta colombiana y el papel de la ONU, que respaldó la postura de dignidad y derechos humanos en el tratamiento de migrantes.

No es la primera vez que Trump utiliza la manipulación mediática para proyectar una imagen de fuerza. Su discurso agresivo, lleno de amenazas y descalificaciones, busca perpetuar el mito del “hombre fuerte” que somete a sus adversarios. Sin embargo, la realidad es otra: Colombia logró condicionar el proceso de deportaciones y demostró que incluso un país con menor poder geopolítico puede resistir la imposición estadounidense.

Trump, la farsa de la victoria y la amenaza global

Fiel a su estilo de bravucón, Trump no tardó en utilizar la crisis con Colombia como una “victoria” en su retórica electoral. “Estamos enviando de vuelta a los criminales”, afirmó, repitiendo su discurso xenófobo y criminalizador de los migrantes. Pero la realidad es que sus amenazas no se tradujeron en una capitulación colombiana, sino en la reafirmación de un principio básico: los derechos humanos no pueden ser negociados.

Este episodio no solo tiene implicaciones para Colombia, sino para toda América Latina. La presión de Washington sobre los países receptores de deportaciones es una constante, y la postura firme de Petro establece un precedente que otros gobiernos podrían seguir. México, con su compleja relación migratoria con EE.UU., debe tomar nota de esta experiencia y reforzar su propio enfoque en la defensa de los derechos de los migrantes.

La manipulación mediática intentó instalar la imagen de un Petro arrodillado ante Trump, pero los hechos muestran lo contrario: un mandatario que supo defender la dignidad de su pueblo ante la arrogancia imperial. Y en tiempos donde la verdad es moldeada por intereses políticos y mediáticos, es fundamental desmontar estas narrativas y reconocer a quienes se atreven a desafiar el poder.