Pasta de Conchos: 19 años de impunidad y negligencia criminal

El 19 de febrero de 2006 marcó una de las tragedias más emblemáticas del México neoliberal: la explosión en la mina Pasta de Conchos, propiedad de Grupo México, que dejó 65 trabajadores atrapados bajo toneladas de escombros. Hoy, a 19 años de aquel homicidio industrial, el saldo sigue siendo el mismo: 62 mineros continúan sepultados, los responsables permanecen impunes y los gobiernos del PRIAN, cómplices de la oligarquía, garantizaron la impunidad de Germán Larrea, dueño del consorcio minero.

Desde el primer momento, el rescate fue posible. Sin embargo, bajo las órdenes de Larrea, Vicente Fox, entonces presidente y servil operador de los intereses empresariales, canceló el operativo apenas cinco días después de la tragedia. No solo clausuró cualquier posibilidad de recuperar los cuerpos de los trabajadores, sino que además bloqueó la intervención del Sindicato Minero, que conocía perfectamente la estructura de la mina y los accesos hacia las galerías donde quedaron atrapados los obreros. En lugar de actuar con humanidad, Fox ordenó un cerco militar, reprimió a los familiares y prometió lo que nunca tuvo intención de cumplir: justicia.

La impunidad se garantizó con el respaldo legislativo de los diputados del PAN y el PRI, quienes en lugar de sancionar a Grupo México, aprobaron reformas a la legislación minera que beneficiaron a Larrea con la explotación del gas metano (gas grisú), el mismo que causó la explosión en Pasta de Conchos. Mientras las viudas y los huérfanos exigían justicia, los intereses del capital dictaban las reglas del juego en Los Pinos.

El PRIAN y su pacto de impunidad con Larrea

Felipe Calderón, el presidente que impuso el fraude electoral de 2006, continuó con la simulación. Prometió rescatar los cuerpos y ofrecer justicia, pero los hechos lo desmintieron. Apenas dos semanas después de su compromiso, Grupo México cerró la mina y despidió a 250 trabajadores. Su secretario del Trabajo, Javier Lozano, reconoció la responsabilidad de la empresa en la tragedia, pero jamás movió un dedo para castigar a los culpables.

El caso se convirtió en un emblema del pacto de impunidad del PRIAN con los empresarios más corruptos del país. Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, la tragedia ni siquiera fue mencionada. En cambio, el gobierno priista siguió entregando concesiones mineras a Grupo México, garantizando a Larrea no solo la explotación de los recursos del país, sino también la protección absoluta ante cualquier responsabilidad penal.

El otro gran damnificado de esta persecución política fue Napoleón Gómez Urrutia, líder del Sindicato Nacional de Mineros. Su defensa de los derechos laborales lo convirtió en enemigo de Larrea y del régimen neoliberal. Bajo amenazas de muerte, se vio obligado al exilio mientras los gobiernos del PAN y el PRI lo acusaban sin pruebas para desacreditar su liderazgo.

El compromiso de la 4T con la justicia

A diferencia de los gobiernos anteriores, la Cuarta Transformación, encabezada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, asumió el compromiso de rescatar los cuerpos de los mineros y hacer justicia. Sin embargo, los avances iniciales fueron lentos. La entonces secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, no logró concretar acciones contundentes más allá de reiterar la necesidad de paciencia.

El punto de inflexión llegó con la intervención de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que en junio de 2024 localizó los restos del primer minero. Este hallazgo representó un avance sin precedentes después de 18 años de indiferencia gubernamental. No obstante, la misión aún no está cumplida. La presidenta Claudia Sheinbaum reafirmó ayer su compromiso con la causa: “Pasta de Conchos continúa; vamos a seguir hasta rescatar el último cuerpo del último minero; no se va a suspender este trabajo”.

Sus palabras representan una diferencia crucial con respecto a los gobiernos anteriores: el rescate no será abandonado, no habrá olvido, y la justicia para los mineros y sus familias sigue siendo una prioridad de la Cuarta Transformación.

Germán Larrea: el rostro de la impunidad empresarial

Germán Larrea, el tercer hombre más rico de México, ha construido su imperio sobre la base de la explotación de trabajadores, el despojo de recursos naturales y la negligencia criminal. Pasta de Conchos es solo un eslabón en una cadena de tragedias provocadas por su empresa. Basta recordar el ecocidio del río Sonora en 2014, cuando Grupo México derramó 40 millones de litros de sulfato de cobre, afectando a miles de personas y comunidades enteras.

A pesar de su historial de corrupción y negligencia, Larrea ha sido intocable gracias a sus conexiones con el PRIAN y la oligarquía financiera. Su fortuna no solo se ha multiplicado con concesiones mineras regaladas por los gobiernos neoliberales, sino que también ha sido utilizada para financiar campañas políticas y comprar voluntades en el poder legislativo.

El neoliberalismo y la barbarie laboral

Pasta de Conchos es el símbolo de una era de brutalidad empresarial respaldada por el Estado. Es la prueba de que durante décadas, la vida de los trabajadores no tuvo valor para la élite económica y política del país. La impunidad con la que se manejaron Fox, Calderón y Peña Nieto no fue casualidad: respondía a un modelo donde el capital dictaba las normas y el gobierno solo funcionaba como su brazo ejecutor.

Con la llegada de la Cuarta Transformación, esta dinámica comenzó a cambiar. La cancelación de concesiones mineras indiscriminadas, el fortalecimiento de derechos laborales y la intervención del Estado en casos como Pasta de Conchos representan un giro de 180 grados en la relación entre el gobierno y el gran capital.

El caso Milei: el neoliberalismo en su máxima expresión

Fuera de México, la crisis de los gobiernos ultraneoliberales sigue profundizándose. Javier Milei, presidente de Argentina y títere de los mercados, se hunde cada día más en la corrupción. Su aventura con una criptomoneda fraudulenta recuerda los esquemas de estafa de gobiernos fallidos, mientras que la censura oficial a medios de comunicación y los escándalos de coimas por millones de dólares han puesto a su círculo más cercano en la mira, incluida su hermana Karina, apodada “El Jefe”.

Milei, al igual que Fox, Calderón y Peña Nieto, representa el mismo modelo de despojo y saqueo. Su gobierno, plagado de promesas vacías y medidas de choque contra el pueblo, es la prueba viviente de que el neoliberalismo solo puede sostenerse mediante la represión y la corrupción.

Conclusión: la justicia llegará

Pasta de Conchos es una herida abierta en la memoria de México, pero también una lección de lucha y resistencia. El camino hacia la justicia ha sido largo y tortuoso, pero el compromiso de la Cuarta Transformación con la verdad y la reparación sigue firme.

La impunidad de Germán Larrea y el PRIAN no será eterna. La memoria de los mineros sigue viva, y con cada paso hacia su rescate, se avanza también en la reivindicación de los derechos laborales y la dignidad de los trabajadores. La Cuarta Transformación no permitirá que esta historia se repita.