Migración en América Latina: Un Desafío que Exige Soluciones Humanitarias
La migración en América Latina y el Caribe ha alcanzado cifras sin precedentes en 2024, con más de 48.3 millones de personas viviendo fuera de sus países de origen, según datos de la ONU. Este fenómeno, que representa el 16% de la población migrante mundial, refleja una crisis estructural que responde a factores económicos, ambientales, políticos y de seguridad. Sin embargo, también pone sobre la mesa la urgente necesidad de abordar la movilidad humana desde una perspectiva de derechos, garantizando la seguridad y el bienestar de quienes se ven obligados a dejar sus hogares.

El informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) confirma lo que ya es evidente en nuestras fronteras: la migración ha dejado de ser un fenómeno esporádico para convertirse en un flujo constante y cada vez más irregular. Estados Unidos sigue siendo el destino principal, con 26.4 millones de migrantes latinoamericanos y caribeños en su territorio, pero la migración intrarregional también ha crecido de manera significativa, alcanzando el 30% del total en 2024. Este aumento se debe, en gran medida, al éxodo venezolano y a las condiciones de vida cada vez más difíciles en muchos países de la región.
Las Causas del Éxodo Latinoamericano
La migración forzada no ocurre en un vacío. Es el resultado de décadas de políticas neoliberales que han generado desigualdad, pobreza y falta de oportunidades en muchos países de la región. La precariedad laboral, las crisis económicas recurrentes, el impacto del cambio climático y la violencia estructural han empujado a millones de personas a buscar mejores condiciones de vida fuera de sus países de origen.
En este contexto, el gobierno de la Cuarta Transformación ha impulsado una visión diferente, apostando por el desarrollo regional para reducir la necesidad de migrar. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha insistido en que la solución a la crisis migratoria no está en militarizar fronteras ni en criminalizar a quienes buscan una vida mejor, sino en generar empleo, bienestar y condiciones dignas en los países de origen.
Programas como “Sembrando Vida” y “Jóvenes Construyendo el Futuro” han sido presentados como alternativas para atender las causas estructurales de la migración, promoviendo la inversión en Centroamérica y el Caribe. Esta es la ruta correcta: atacar el problema desde su raíz, en lugar de responder con medidas represivas que solo agravan la situación.
Los Riesgos de una Migración Sin Protección
El informe de la OIM y la CEPAL también expone el alto costo humano de la migración irregular. En los últimos años, al menos 11 mil migrantes han perdido la vida en su trayecto, mientras que miles más han sido víctimas de abusos, secuestros y trata de personas. Las mujeres y los niños son los más vulnerables, enfrentando situaciones de explotación extrema en su tránsito hacia el norte.
A esto se suma el endurecimiento de las políticas migratorias de Estados Unidos, que ha cerrado aún más sus fronteras, dejando a miles de migrantes varados en México y otros países de la región. La directora de la OIM, Amy Pope, advirtió que este fenómeno está generando un aumento en la migración hacia el sur, una realidad que exige respuestas coordinadas y humanitarias.
México ha sido clave en la protección de los derechos de los migrantes, pero es evidente que se necesita un esfuerzo conjunto con el resto de la región. La comunidad internacional debe asumir su responsabilidad y dejar de ver la migración como un problema de seguridad, cuando en realidad es una crisis humanitaria.
Hacia una Migración Segura y Ordenada
El Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular es una herramienta fundamental para salir del enfoque reactivo y caótico que ha predominado en las respuestas gubernamentales. Este acuerdo internacional, adoptado en 2018, plantea un marco de cooperación para garantizar que la migración se dé en condiciones seguras, con acceso a derechos básicos y sin criminalización.
México ha sido un actor clave en la promoción de este pacto y debe continuar impulsando su implementación. La migración no debe ser una condena ni una imposición, sino una opción informada y libre. Para ello, es fundamental que los gobiernos de la región trabajen juntos en la creación de políticas que protejan a los migrantes y atiendan las causas estructurales del fenómeno.
El Papel de México en la Construcción de Soluciones
El gobierno de la Cuarta Transformación ha marcado un cambio en la forma en que México aborda la migración. En lugar de actuar como un simple muro de contención para los intereses de Estados Unidos, ha puesto sobre la mesa la necesidad de soluciones regionales basadas en la cooperación y el respeto a los derechos humanos.
Las estrategias implementadas hasta ahora han demostrado que es posible enfrentar el problema desde una perspectiva diferente, pero el reto sigue siendo enorme. México debe continuar liderando los esfuerzos para que la migración en América Latina sea segura y ordenada, promoviendo un desarrollo económico equitativo que reduzca la necesidad de migrar por sobrevivencia.
La historia nos ha demostrado que los muros y las políticas de exclusión nunca han sido la respuesta. La única vía sostenible es la justicia social, la inversión en los países de origen y la creación de condiciones dignas para que nadie tenga que abandonar su hogar por necesidad. La migración no es un crimen, es un derecho humano, y debemos garantizar que se ejerza en condiciones de dignidad y seguridad.