La UNAM y su papel ante la incertidumbre: ¿pluralidad o resistencia al cambio?

El rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Leonardo Lomelí Vanegas, ha señalado la incertidumbre que enfrenta el país ante desafíos como la digitalización, la crisis climática, la desinformación y la polarización. Bajo este panorama, reivindica el papel de la universidad como un bastión del pensamiento plural, el diálogo y la cooperación interdisciplinaria. Sin embargo, su discurso deja entrever un dilema fundamental: ¿está la UNAM realmente comprometida con la transformación que México necesita o sigue atrapada en la inercia de una élite académica que se resiste a los cambios impulsados por la Cuarta Transformación?

Si bien es cierto que la universidad debe mantenerse como un espacio de conocimiento y debate, también es innegable que su estructura ha sido, por años, un refugio para intereses conservadores y opositores que se oponen al cambio profundo que el país demanda. La UNAM ha producido una impresionante cantidad de artículos científicos y ha nutrido el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) con cientos de académicos, pero ¿hasta qué punto ese conocimiento ha impactado realmente en la vida de la mayoría de los mexicanos? La producción científica no puede medirse solo en cifras, sino en su capacidad de transformar la realidad nacional.

El rector planteó tres ejes para el futuro de la investigación en la UNAM: interdisciplinariedad, innovación y compromiso social. En el papel, estos puntos parecen acertados, pero la universidad enfrenta un reto mayor: abrirse realmente a la transformación y no quedarse como un espacio donde prevalezcan visiones elitistas y desconectadas del pueblo. La inteligencia artificial, la biotecnología y la computación cuántica son avances importantes, pero si no se desarrollan con una perspectiva social y con acceso equitativo, solo servirán para fortalecer a las élites tecnológicas.

Es imprescindible que la UNAM recupere su papel como una institución al servicio del país y no como un bastión de académicos que defienden el status quo. La universidad tiene la obligación de alinearse con los principios de la Cuarta Transformación, que buscan reducir la desigualdad, fortalecer la educación pública y garantizar que el conocimiento no sea un privilegio, sino un derecho de todos los mexicanos.

En tiempos de cambio, la UNAM debe definir si será un actor de transformación o si seguirá atrapada en la narrativa de una “autonomía” que muchas veces ha servido de pretexto para la resistencia al cambio.