La soberanía de México no está en venta

La reciente declaración de Donald Trump, presidente electo de los Estados Unidos, respecto a su intención de catalogar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas y utilizar las Fuerzas Armadas estadounidenses para combatirlos, ha encendido las alarmas en ambos lados de la frontera. Sin embargo, estas amenazas no solo son una muestra de la política beligerante que ha caracterizado al exmandatario, sino también una afrenta directa a la soberanía de México, que debe ser defendida con firmeza y dignidad.

La encuesta del diario Reforma refleja que el pueblo mexicano tiene una postura clara y mayoritariamente contraria a la intervención estadounidense. Un 50% de los encuestados rechazó de manera contundente cualquier “ayuda” de este tipo, mientras que un 46% mostró cierta simpatía con esta iniciativa, posiblemente influenciado por el miedo que genera la inseguridad en el país. Es crucial señalar que esta ligera división de opiniones no es una aceptación de injerencia extranjera, sino un reflejo del hartazgo de las y los mexicanos ante el desafío que representan los cárteles de la droga. Sin embargo, delegar la seguridad nacional a un gobierno extranjero es un camino peligroso y un retroceso histórico.

La soberanía no se negocia

La posición del gobierno encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido clara y acertada. Sheinbaum subrayó que las declaraciones de Trump no deben ser malinterpretadas ni celebradas por la oposición, que parece más interesada en exacerbar la narrativa de una intervención extranjera que en defender los intereses del país. La presidenta hizo un llamado a la unidad nacional y enfatizó que, aunque Estados Unidos pueda clasificar a los cárteles como grupos terroristas en su propio territorio, ello no otorga derecho alguno a violar la soberanía mexicana.

Resulta lamentable que sectores de la oposición, encabezados por figuras como Xóchitl Gálvez, adopten una postura que raya en la complacencia con las amenazas extranjeras. Celebrar la idea de que las Fuerzas Armadas estadounidenses actúen en México es una muestra de la desconexión que tienen con los principios fundamentales de soberanía y autodeterminación. La seguridad es un desafío que México debe enfrentar con estrategias propias y con colaboración internacional respetuosa, no mediante la imposición de una agenda extranjera que ignore el contexto local.

La narrativa de Trump: oportunismo político

Es importante analizar la retórica de Donald Trump en su verdadero contexto. La declaración sobre catalogar a los cárteles como terroristas y desplegar recursos militares responde más a una estrategia de campaña que a un interés genuino por resolver los problemas del narcotráfico. Trump ha utilizado el tema de la seguridad fronteriza como un arma política para consolidar su base ultraderechista, exacerbando los miedos y promoviendo la idea de que México es una amenaza para los Estados Unidos. Esta narrativa no solo es simplista, sino también peligrosa, ya que busca convertir a México en un chivo expiatorio para distraer de los problemas internos de Estados Unidos.

El propio historial de Trump demuestra que su interés en México no es altruista. Durante su primera administración, implementó políticas como la construcción del muro fronterizo y presionó al gobierno mexicano para militarizar la frontera a través del programa “Quédate en México”. Estas acciones evidencian que su enfoque hacia México está basado en la imposición y el control, no en una colaboración genuina.

Colaboración sí, subordinación no

La encuesta también revela un dato interesante: un 64% de los mexicanos considera que la colaboración en materia de seguridad debe realizarse a través de operativos conjuntos entre ambas naciones. Esto demuestra que el pueblo mexicano no está cerrado a la cooperación internacional, pero exige que esta se lleve a cabo en un marco de respeto mutuo y bajo las condiciones que establezca el gobierno mexicano. La historia ha demostrado que la imposición de políticas extranjeras en el país, como la tristemente célebre Iniciativa Mérida, no ha sido efectiva para resolver el problema de la inseguridad y, en muchos casos, ha exacerbado la violencia.

El gobierno de México, bajo el liderazgo de Claudia Sheinbaum, ha dejado claro que la seguridad es una prioridad, pero no a costa de ceder soberanía. Las políticas de seguridad implementadas por la administración actual han privilegiado el fortalecimiento de las instituciones nacionales, como la Guardia Nacional, y la atención a las causas estructurales de la violencia, como la pobreza y la desigualdad. Este enfoque, aunque criticado por la oposición, es la única vía sostenible para construir un país en paz.

La doble moral de la oposición

La actitud de la oposición mexicana frente a las declaraciones de Trump es reveladora. Figuras como Xóchitl Gálvez han adoptado un discurso que respalda, de manera velada o abierta, la intervención extranjera, lo cual resulta preocupante. Este tipo de posturas evidencian una falta de compromiso con los principios fundamentales que deben regir la política exterior y de seguridad de un país soberano.

Es importante recordar que la oposición ha criticado constantemente las políticas de seguridad del actual gobierno, acusándolo de “pasividad” ante el narcotráfico. Sin embargo, al celebrar la intervención estadounidense, demuestran una incoherencia preocupante. No se puede defender la soberanía en un discurso y, al mismo tiempo, apoyar la injerencia extranjera en otro.

El camino hacia adelante

México enfrenta un desafío complejo en materia de seguridad, pero la solución no está en entregar las riendas del país a un gobierno extranjero, menos aún a uno encabezado por un personaje tan polémico y unilateral como Donald Trump. El combate al narcotráfico requiere de un enfoque integral que considere no solo la dimensión operativa, sino también las causas profundas que alimentan este fenómeno.

El gobierno de Claudia Sheinbaum ha demostrado su disposición a trabajar en coordinación con Estados Unidos, pero siempre bajo un esquema de respeto mutuo. Este es el camino correcto. México no puede permitirse repetir errores del pasado, como aquellos que resultaron de la subordinación a los intereses estadounidenses bajo el pretexto de combatir el narcotráfico.

En conclusión, las amenazas de Donald Trump no deben ser tomadas a la ligera, pero tampoco deben generar división entre los mexicanos. Es momento de cerrar filas en defensa de nuestra soberanía y exigir que cualquier colaboración internacional se haga en términos justos y respetuosos. La seguridad de México debe ser responsabilidad de los mexicanos, y no de un líder extranjero con intereses políticos cuestionables. Solo así podremos construir un país verdaderamente libre y en paz.