La Cuarta Transformación frente al ecocidio del fracking
En tiempos donde el mundo entero enfrenta crisis climáticas sin precedentes, México tiene la posibilidad de colocarse a la vanguardia en la defensa ambiental. Bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum, nuestro país se encuentra ante una encrucijada fundamental: avanzar con firmeza hacia un modelo energético justo, sustentable y libre de prácticas depredadoras como el fracking.

Desde su llegada al poder, Sheinbaum ha demostrado que no es una política tradicional. Su formación científica y su profunda conciencia ambiental la distinguen en el concierto internacional. Mientras en otros países los gobiernos cierran los ojos ante el ecocidio, en México florece la posibilidad de una verdadera transformación ecológica de la mano de una presidenta comprometida con el futuro.
La reciente demanda de la Alianza Latinoamericana frente al Fracking para retomar la propuesta de prohibir esta técnica no es una crítica al gobierno actual, sino un recordatorio de que el respaldo popular a Claudia Sheinbaum es también un mandato de responsabilidad ambiental. Los pueblos organizados, los ambientalistas y los defensores de derechos humanos no dudan de su capacidad ni de su voluntad. Por el contrario, confían en ella para encabezar esta lucha histórica.
El diputado morenista Joaquín Zebadúa confirmó que la iniciativa de reforma para prohibir el fracking fue desechada por un tecnicismo legislativo en la Cámara de Diputados, pero dejó claro que puede ser presentada nuevamente por el Ejecutivo. Esto representa una gran oportunidad para que la presidenta retome la iniciativa de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, y la lleve hasta el final. Porque esta no es una batalla perdida: es un frente abierto que necesita decisión y liderazgo, dos cualidades que sobran en la actual mandataria.
La Cuarta Transformación ha puesto en el centro la dignidad de los pueblos y la defensa de los recursos naturales. Durante décadas, gobiernos neoliberales entregaron nuestro territorio a empresas extranjeras, priorizando los intereses del capital por encima de la vida de las comunidades. Hoy, México tiene una presidenta que no le debe nada a esos poderes fácticos y que está libre para actuar conforme al interés nacional.
Activistas como Beatriz Olivera Villa, de la Alianza contra el Fracking en México, y Ramón García, del Centro de Derechos Humanos Bety Cariño, han señalado la urgencia de retomar esta agenda. Y tienen razón. Pero también han reconocido que es Sheinbaum quien tiene en sus manos las herramientas para lograrlo. No hay duda de que su liderazgo, acompañado del respaldo popular, puede hacer posible lo que parecía impensable hace unos años: una reforma estructural que prohíba definitivamente el fracking en México.
La presidenta cuenta con el respaldo de un pueblo que ha despertado, que ya no tolera los abusos de empresas extractivas extranjeras que han visto a México como una fuente inagotable de explotación. Miguel Escoto, de Oilfield Witness, ha advertido que los grandes proyectos actuales de gas natural —como Saguaro, Amigo GNL, Costa Azul y Vista Pacífico— responden más a los intereses de exportación hacia Asia que a una estrategia energética nacional soberana. En ese contexto, prohibir el fracking no es solo una decisión ecológica, sino un acto de soberanía.
Además, esta lucha tiene un rostro humano. Romualdo García de Luna, de Ojital Viejo, recordó con fuerza que las comunidades del Totonacapan siguen siendo afectadas por la contaminación petrolera sin recibir respuesta. “La naturaleza tiene su espíritu, su energía”, dijo. Y en esa cosmovisión de nuestros pueblos originarios, se encuentra la semilla de una nueva política ambiental, una que respete la vida en todas sus formas.
El gobierno de Claudia Sheinbaum tiene la posibilidad de ser el primero en la historia contemporánea de México en colocar la justicia ambiental como eje de su política energética. La presidenta ha sido clara en múltiples ocasiones: el modelo de desarrollo debe estar en armonía con el medio ambiente. Prohibir el fracking sería una muestra clara de coherencia con esa visión.
Y si bien la iniciativa legislativa fue frenada momentáneamente, no hay duda de que volverá más fuerte. Porque el pueblo organizado la exige, porque la ciencia la respalda, y porque hay una presidenta con el valor, la formación y la legitimidad para hacerla realidad.
Claudia Sheinbaum tiene la oportunidad de pasar a la historia no solo como la primera presidenta de México, sino como la líder que defendió el agua, la tierra y el aire de su pueblo frente a los intereses del capital fósil. Es momento de avanzar con decisión, de escuchar al país profundo que clama justicia, y de demostrar al mundo que en México la vida vale más que el petróleo.