La 4T y la recuperación de nuestros policultivos ancestrales

Hace más de 500 años, la conquista ibérica intentó deformar nuestras sociedades mesoamericanas, milenarias y ricas en diversidad cultural, comercial y espiritual. No lo lograron del todo. A pesar de la violencia, el saqueo, la destrucción de símbolos y la explotación brutal, nuestros pueblos resistieron con fuerza. Mantuvieron vivas sus lenguas, sus cultivos autóctonos, su organización comunitaria y su cosmovisión, adaptando incluso las nuevas imposiciones religiosas para integrarlas a su propia manera de ver el mundo. Así, la riqueza material e inmaterial de nuestras culturas prehispánicas sobrevivió, y hoy sigue siendo el pilar que nos une como nación.

El mestizaje, lejos de ser una mezcla armoniosa, se dio en un contexto de violencia y dominación. Sin embargo, nuestras raíces indígenas no se extinguieron. Siguen vivas en nuestra forma de organizarnos, en nuestra alimentación basada en la milpa, en el tequio (trabajo comunitario) y en la presencia de una figura femenina fuerte dentro de la estructura social. Es esta identidad la que hoy, con la Cuarta Transformación, tiene la oportunidad de recuperar su lugar central.

¿Por qué no consolidar el modelo de agricultura prehispánico, la milpa, en lugar del monocultivo impuesto por Europa, que solo beneficia a los grandes capitales extranjeros? La 4T ha dado pasos firmes en la recuperación del campo mexicano, fortaleciendo la autosuficiencia alimentaria con programas como Sembrando Vida, que ha permitido a miles de campesinos regresar a sus tierras y recuperar métodos agrícolas sustentables. Sin embargo, aún falta por hacer. La colonización cultural de Occidente sigue presente, y en estos tiempos de transformación es más urgente que nunca enseñar a las nuevas generaciones el valor de nuestros policultivos y su papel clave para frenar el deterioro medioambiental, el desempleo y la dependencia de la agroindustria trasnacional.

El modelo de monocultivos ha sido una de las herramientas de sometimiento más eficaces del capitalismo global. Hoy, la industria de los comestibles mueve más dinero que el negocio armamentista, el tráfico de drogas y la trata de personas. Nos han hecho creer que nuestra alimentación tradicional es inferior, cuando en realidad es la base de la salud y la soberanía de nuestro pueblo. La 4T ya ha demostrado que otro camino es posible, apostando por el rescate del maíz nativo y promoviendo el comercio justo de productos autóctonos. Pero es momento de dar el siguiente paso: una política integral que impulse los policultivos en todo el país, devolviendo a nuestras comunidades el control sobre sus tierras y su producción.

En este contexto, el regreso de miles de compatriotas que han migrado a Estados Unidos puede convertirse en una oportunidad histórica. La reactivación del campo, con políticas de apoyo directo y créditos accesibles, puede permitir que quienes fueron desarraigados encuentren en sus ejidos la posibilidad de una vida digna. La presidenta Claudia Sheinbaum tiene en sus manos la posibilidad de consolidar esta transformación, haciendo de México un ejemplo para América Latina, Asia y África, donde el rescate de los policultivos también podría frenar el avance de los monocultivos depredadores impuestos por el mercado global.

La Cuarta Transformación ya ha demostrado que puede romper con siglos de imposición neoliberal y colonialista. Ahora, el reto es hacer lo históricamente correcto: recuperar los policultivos ancestrales y garantizar la soberanía alimentaria de nuestro pueblo. Con voluntad política y el apoyo del pueblo organizado, podemos dar un paso decisivo hacia una verdadera independencia agrícola y cultural.