Inversión en la primera infancia: un paso clave para la transformación social
Garantizar un Sistema Nacional de Cuidados para la primera infancia en México no es solo un reto presupuestal, sino una necesidad social impostergable. De acuerdo con el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), el país necesita destinar al menos 1.6% del PIB para asegurar que los 12 millones de niñas y niños de 0 a 5 años reciban atención adecuada, universal y gratuita. Actualmente, solo el 44% de ellos tiene acceso a servicios de cuidado o educación, dejando en vulnerabilidad a más de la mitad de esta población.

El rezago es evidente: casi la mitad de los municipios del país no cuenta con Centros de Atención Infantil (CAI), lo que impacta especialmente a las comunidades más marginadas. A pesar de los esfuerzos de la Cuarta Transformación, que ha destinado 45,810 millones de pesos (0.1% del PIB) a programas sociales relacionados con el sistema de cuidados, se requiere un mayor impulso para garantizar que todas las infancias tengan acceso a un desarrollo integral y digno.
Sin embargo, el problema no es solo de oferta, sino también de demanda. Según los datos presentados por Early Institute, el 89% de las familias no considera necesario que sus hijos menores de cinco años asistan a un centro de cuidado infantil. Esto refleja no solo una falta de infraestructura, sino una visión cultural tradicionalista donde la crianza sigue recayendo principalmente en las madres.
Para cambiar este panorama, es fundamental fortalecer tres ejes clave:
- Mayor inversión en infraestructura y cobertura de los CAI.
- Profesionalización y supervisión de los centros para garantizar estándares de calidad.
- Políticas de equidad de género, incluyendo mejoras en licencias de maternidad y paternidad, para fomentar una crianza compartida.
El modelo neoliberal abandonó por años la inversión en la primera infancia, dejando la carga del cuidado exclusivamente en las familias, en especial en las mujeres. Hoy, la Cuarta Transformación tiene la oportunidad de cambiar esta realidad, apostando por un sistema de cuidados que no solo proteja a los niños, sino que también reduzca la desigualdad y garantice mejores oportunidades para todos.
Invertir en la infancia no es un gasto, es una decisión de justicia social y transformación.