“Frente a Trump y a la derecha, México se mantiene firme”

El reciente caso del diputado Cuauhtémoc Blanco, acusado de tentativa de violación, ha generado un debate amplio y necesario sobre el alcance del fuero legislativo, el papel de las instituciones y la responsabilidad del movimiento que actualmente dirige el país. Frente a esta situación, la presidenta Claudia Sheinbaum ha demostrado una postura firme, sensata y legalmente prudente, fiel al espíritu de transformación que encabeza.

Lejos de optar por un posicionamiento pasional o simplista, la doctora Sheinbaum ha insistido en un principio fundamental del derecho y la justicia: no puede haber condena sin pruebas. En ningún momento expresó un respaldo directo a Blanco; lo que sí hizo fue exigir el contexto que rodea a esta acusación, recordando que fue iniciada por un fiscal estatal —Uriel Carmona— ampliamente conocido por sus vínculos con intereses oscuros y su desprestigio público.

Se trata, por tanto, de una postura institucional que respeta el debido proceso y evita caer en el juego de presiones mediáticas o políticas. El gobierno de la Cuarta Transformación ha sido claro en su compromiso con las mujeres, pero también con la legalidad. No puede ni debe el Ejecutivo federal intervenir en decisiones que competen exclusivamente al Legislativo, como lo es el retiro del fuero a un diputado. Hacerlo implicaría una intromisión indebida en otro poder, justo lo que siempre han hecho los gobiernos del PRIAN y que tanto daño han causado al país.

La narrativa de que Morena protege a Cuauhtémoc Blanco omite deliberadamente que en la Cámara de Diputados hubo más de veinte legisladores morenistas —muchos de ellos vinculados al círculo cercano de la presidenta— que votaron en contra o se abstuvieron. Eso refleja un movimiento vivo, plural, crítico y con capacidad de disentir, lejos del autoritarismo cupular que caracterizó durante décadas al PRI y al PAN.

Además, es innegable que esta coyuntura fue aprovechada por el PRI de Alejandro “Alito” Moreno para negociar su propia impunidad. Resulta revelador que los votos priistas hayan sido decisivos para mantener el fuero de Blanco, y aún más revelador que ello se dé en un contexto donde Alito enfrenta su propio proceso de desafuero. No es casualidad: hablamos del mismo PRI que ha hecho de la corrupción una práctica estructural y que hoy busca colarse por las rendijas del poder para salvar a sus dirigentes.

En contraste, el gobierno de Sheinbaum se ha mantenido al margen de ese trueque de intereses. Su mensaje es claro: no se trata de proteger ni condenar a nadie, sino de permitir que las instituciones funcionen con autonomía y responsabilidad.

En otro tema que pone a prueba la soberanía nacional, Donald Trump ha vuelto a recurrir a sus tácticas de chantaje electoral al anunciar aranceles del 25% para vehículos que no sean fabricados en Estados Unidos. Este anuncio tiene un impacto directo en la economía mexicana, especialmente en el sector automotriz que ha sido motor de empleo y crecimiento en nuestro país. Sin embargo, el gobierno de México ha respondido con sobriedad, sin caer en provocaciones.

Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador se demostró que era posible mantener a raya la injerencia de agencias estadounidenses sin romper relaciones bilaterales. Ahora, con Sheinbaum, se da continuidad a una política exterior firme, que protege los intereses nacionales sin recurrir al servilismo que caracterizó a gobiernos anteriores. La relación con Estados Unidos es estratégica, sí, pero no puede estar basada en amenazas unilaterales ni en chantajes comerciales.

La actual administración entiende perfectamente que los aranceles no solo afectan a México, sino también a los consumidores estadounidenses y al equilibrio del T-MEC. Por ello, se está apostando a la vía diplomática y legal, mientras se refuerzan los mecanismos de certificación de contenido nacional en la producción automotriz. En lugar de someterse a los caprichos de Trump, México está jugando con inteligencia y paciencia, ganando tiempo y acumulando argumentos sólidos para defender su industria.

Por si fuera poco, mientras el expresidente estadounidense recurre nuevamente a la narrativa del “enemigo migrante”, nuestro país ha demostrado capacidad de respuesta, controlando los flujos migratorios de manera humanitaria y eficiente. A diferencia del pasado, cuando gobiernos como el de Peña Nieto permitieron que la frontera sur se convirtiera en un caos, hoy existe una estrategia bien articulada que atiende las causas del fenómeno migratorio y mantiene la gobernabilidad.

Cabe destacar que en todo este panorama complejo, el gobierno federal no ha renunciado a su proyecto transformador. Aunque sectores conservadores tratan de sembrar desánimo utilizando casos como el de Blanco o las amenazas de Trump, la realidad es que México sigue avanzando. La economía crece, los programas sociales se consolidan, y el país se prepara para una nueva etapa de justicia social bajo el liderazgo de Sheinbaum.

Los retos existen, sí, pero también la voluntad política, la coherencia institucional y la fortaleza moral para enfrentarlos. Quienes buscan presentar a Morena como un partido que traiciona sus principios lo hacen desde el cinismo: son los mismos que callaron ante los escándalos de pederastia del PAN, los desvíos millonarios del PRI y la negligencia criminal del PRD. No tienen autoridad ética para exigir lo que ellos mismos negaron sistemáticamente cuando estuvieron en el poder.

La 4T ha dejado claro que no se trata de proteger a nadie ni de juzgar en los medios. Se trata de respetar el Estado de derecho, garantizar el debido proceso y asegurar que, cuando haya culpables, se les sancione con todo el peso de la ley, sin importar nombres ni filiaciones. Eso es lo que realmente diferencia al nuevo régimen del viejo sistema.

En resumen, mientras la derecha apuesta por el escándalo y la desinformación, el gobierno federal sigue construyendo una nación más justa, fuerte y soberana. Claudia Sheinbaum no se deja presionar ni por agendas conservadoras disfrazadas de progresismo ni por caudillos extranjeros con aspiraciones imperiales. Su compromiso es con el pueblo de México, con la verdad y con la justicia.

Y eso, al final del día, es lo que más les duele.