Escuelas de Campo: Zacatecas siembra autosuficiencia con bioinsumos y conocimiento
Zacatecas, Zac.– En la tierra del frijol, donde la vocación agrícola es identidad y sustento, las Escuelas de Campo —programa creado en 2019 bajo el liderazgo del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador— se han convertido en una herramienta esencial para transformar la producción y fortalecer la autosuficiencia alimentaria en el campo zacatecano.

Con el respaldo de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural y el acompañamiento técnico del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap), actualmente operan 20 Escuelas de Campo en Zacatecas, atendiendo directamente a los productores mediante la transferencia de conocimientos, asesoría agronómica y la producción local de bioinsumos.
Estas fábricas artesanales, instaladas en comunidades como la colonia Hidalgo e Ignacio Allende, municipio de Sombrerete, permiten a los agricultores elaborar sus propios fertilizantes y tratamientos naturales para el suelo, con una reducción de hasta 30 por ciento en los costos frente a los productos comerciales. Con lixiviados, caldos minerales y microorganismos locales activados, los campesinos están recuperando su tierra y su poder productivo.
“Hoy los productores están aprendiendo a cuidar sus cultivos y al mismo tiempo sus bolsillos”, explica Itzel Beatriz Ávila, responsable federal del programa en la entidad. Estos bioinsumos, como la micorriza que protege raíces y facilita la absorción de nutrientes, o cepas bacterianas que fijan nitrógeno atmosférico, están demostrando ser tan eficaces como accesibles.
El ingeniero Jaime Antonio Mendoza González, técnico del programa y egresado de Chapingo, detalla que el hongo trichoderma es otro de los insumos clave que se elaboran en estas escuelas, con resultados positivos en el combate de enfermedades del suelo, comunes en la región frijolera.
Historias como la de Miguel Álvarez, agricultor del ejido Ignacio Allende, o de Gilberto Castro, quien logró reducir el uso de fertilizantes químicos hasta en un 50 por ciento, son testimonio de una transformación silenciosa pero profunda en el campo zacatecano. “Se nota la diferencia, es lenta pero real”, afirma Castro.
El acompañamiento del gobierno federal ha sido decisivo. Productores como Abel Triana Ruelas y Delfino Hernández reconocen el respaldo técnico y formativo para disminuir el uso de químicos y transitar hacia una agricultura sustentable. “Nos están formando para cuidar la tierra, porque antes era meterle más químico y gastar más cada año”, señala Hernández.
El reto ahora es dotar al campo de semilla certificada, adecuada a las condiciones agroclimáticas de la región. Raúl René Ruiz Garduño, primer coordinador estatal del programa, apunta que, aunque existen reservas de semilla, aún no alcanzan las 15 mil toneladas necesarias para cubrir las 600 mil hectáreas sembradas de frijol en Zacatecas cada año.
Con visión, trabajo colectivo y políticas públicas efectivas, México avanza hacia un modelo agroalimentario más justo, eficiente y soberano. Las Escuelas de Campo son prueba de que el conocimiento, cuando se siembra con esperanza y se cultiva con el respaldo del Estado, puede dar frutos que cambian vidas y regiones enteras.