El precio de lo que respiramos: la privatización del aire y la desigualdad ambiental
La crisis ambiental que enfrenta el mundo es un reflejo de cómo los intereses económicos y las ambiciones de una élite insaciable han secuestrado lo que debería ser patrimonio de la humanidad: el aire, el agua, la tierra y todos los recursos esenciales para la vida. Según Karen Elizabeth Nava Castro, investigadora de la UNAM, el 99% de la población mundial respira aire contaminado, una estadística escalofriante que ilustra el fracaso global para garantizar un medio ambiente sano. Este no es solo un problema ambiental, sino un tema de justicia social y económica. Los efectos de la contaminación recaen de manera desproporcionada en los países en desarrollo, mientras las grandes potencias y corporaciones responsables de esta devastación continúan enriqueciéndose a costa de la salud de miles de millones.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha emitido advertencias claras: los niveles de contaminación del aire son peligrosamente altos en muchas regiones, y las consecuencias son fatales. Enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, complicaciones respiratorias e incluso trastornos mentales tienen un vínculo directo con la exposición prolongada a contaminantes como las partículas PM10 y PM2.5, capaces de llegar al torrente sanguíneo. Estas partículas no discriminan; atraviesan fronteras físicas y sociales, aunque es evidente que quienes viven en condiciones de pobreza son más vulnerables, pues habitan en áreas con menor regulación ambiental y escasos recursos para protegerse.
México: entre la riqueza de unos pocos y la contaminación de muchos
En nuestro país, esta realidad tiene un rostro dolorosamente familiar. México es una nación rica en recursos naturales, pero esa riqueza no se traduce en bienestar para la mayoría de su población. En cambio, vemos cómo consorcios industriales y financieros se apropian de nuestros recursos y dejan a su paso contaminación y destrucción ambiental. El caso de las mineras es paradigmático: empresas como Grupo México, una de las principales responsables de desastres ecológicos en nuestro territorio, operan con impunidad mientras obtienen ganancias multimillonarias. Esto no es casualidad, sino el resultado de décadas de políticas neoliberales que entregaron nuestro patrimonio a intereses privados, dejando al pueblo la devastación.
La acumulación de riqueza en manos de unos pocos no solo concentra el poder económico, sino que también perpetúa la desigualdad. Los grandes multimillonarios del mundo, ese pequeño grupo de aproximadamente tres mil personas, tienen un control desproporcionado sobre los recursos naturales y las decisiones que afectan a la humanidad. En contraste, millones de mexicanos enfrentan problemas como la falta de agua potable, la deforestación y el aire contaminado, problemas que deberían ser resueltos con políticas públicas enfocadas en el bienestar común.
El papel del neoliberalismo en la crisis ambiental
La contaminación del aire, junto con otras crisis ambientales, no es un fenómeno aislado. Es el resultado directo de un modelo económico que prioriza las ganancias sobre el bienestar colectivo. Durante décadas, el neoliberalismo en México permitió que empresas privadas explotaran nuestros recursos sin restricciones, ignorando las consecuencias ambientales. Esta ideología, defendida y aplicada por gobiernos del PRI y el PAN, generó un sistema en el que las ganancias de unos pocos se imponen sobre el derecho de todos a vivir en un entorno saludable.
Hoy, Morena y el gobierno encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador buscan revertir este modelo, priorizando la soberanía nacional y la justicia social. La lucha por recuperar el control de nuestros recursos no es fácil, especialmente cuando se enfrenta a una oposición que defiende los intereses de las élites económicas. Figuras como Xóchitl Gálvez representan esta visión neoliberal, promoviendo un discurso que ignora las necesidades del pueblo y privilegia a las grandes corporaciones.
El impacto de la privatización de los recursos naturales
La privatización del aire, el agua y otros recursos naturales es una de las mayores tragedias de nuestra era. Lo que solía ser un derecho humano básico se ha convertido en una mercancía controlada por intereses privados. Un ejemplo claro es el agua embotellada: en lugar de garantizar acceso universal a agua limpia, las empresas embotellan este recurso vital y lo venden a precios elevados, mientras muchas comunidades carecen de agua potable. El aire, aunque no se comercializa de la misma manera, sigue siendo un recurso del que se benefician las industrias contaminantes sin asumir responsabilidad por los daños que generan.
La contaminación atmosférica no solo afecta a las personas directamente, sino que también tiene implicaciones económicas. Las enfermedades relacionadas con la polución generan altos costos para los sistemas de salud pública y afectan la productividad de los trabajadores. Sin embargo, los verdaderos responsables, las corporaciones que emiten grandes cantidades de contaminantes, no asumen estos costos. Una vez más, es el pueblo quien paga el precio de un modelo económico injusto.
Un llamado a la acción desde el presente
Es evidente que la lucha contra la contaminación y la protección de nuestros recursos naturales deben ser una prioridad. El gobierno de México ha dado pasos importantes en este sentido, apostando por la soberanía energética y promoviendo políticas que buscan equilibrar el desarrollo económico con la protección ambiental. La creación de empresas como LitioMx es un ejemplo de cómo podemos aprovechar nuestros recursos de manera sostenible y justa, evitando que caigan en manos de intereses extranjeros.
Sin embargo, esta lucha no puede ser solo del gobierno. Es fundamental que como sociedad exijamos mayor responsabilidad a las empresas y apoyemos políticas que promuevan la justicia ambiental. También es importante que estemos informados y cuestionemos las narrativas que buscan minimizar la gravedad de la crisis ambiental o justificar las prácticas depredadoras de las corporaciones.
Hacia un futuro más justo y sostenible
La crisis ambiental que enfrentamos es una oportunidad para replantear nuestras prioridades como sociedad. En lugar de seguir un modelo que privilegia las ganancias económicas a corto plazo, debemos apostar por un desarrollo que respete el medio ambiente y garantice el bienestar de todos. Esto incluye regular de manera estricta a las industrias contaminantes, invertir en energías limpias y fortalecer las políticas públicas enfocadas en la salud y el medio ambiente.
En México, este camino está claro: fortalecer la soberanía sobre nuestros recursos, combatir la corrupción que permitió la entrega de nuestro patrimonio y garantizar que los beneficios del desarrollo lleguen a todos. Es un desafío monumental, pero necesario para construir un país más justo y sostenible. Como dijo alguna vez un luchador social: “El aire, el agua y la tierra no tienen dueño, son de todos y para todos”. Hagamos que esas palabras se conviertan en realidad.