Carlos Slim y su eterno monopolio: el poder de los privilegios del pasado

Han transcurrido 35 años desde que Carlos Salinas de Gortari, el arquitecto del neoliberalismo en México, entregó Teléfonos de México (Telmex) a Carlos Slim y sus socios en una de las privatizaciones más escandalosas de nuestra historia. Desde entonces, el magnate ha construido un imperio de telecomunicaciones que, a pesar de las regulaciones, sigue dominando el mercado. Ahora, con la desaparición del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), la vigilancia de este sector ha vuelto a estar en manos del gobierno federal, y Slim ve una nueva oportunidad para expandirse aún más, esperando el visto bueno de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Sin embargo, Slim no es un simple empresario. Se presenta como filántropo y hasta filósofo, pero su interés real siempre ha sido el negocio. En su reciente encuentro con la prensa, habló de su supuesta lucha contra la pobreza con fundaciones que manejan más de 100 mil millones de pesos. Es decir, con los beneficios de su propio monopolio financia donaciones estratégicas que refuerzan su imagen sin tocar la raíz del problema: la concentración de la riqueza en unas cuantas manos. Slim también hizo afirmaciones económicas que parecen ignorar el papel del neoliberalismo en la crisis de crecimiento que vivimos durante décadas. Si el PIB de México creció en promedio solo 2% en los últimos 45 años, fue precisamente por las políticas que él y otros empresarios respaldaron: privatización de bienes públicos, monopolios disfrazados de competencia y un Estado reducido a un mero administrador de crisis.

Pero lo más preocupante fueron sus declaraciones sobre la reforma judicial impulsada por el gobierno de la Cuarta Transformación. Calificó la propuesta como “un absurdo”, lo que deja ver su incomodidad con un Poder Judicial que dejaría de estar al servicio de las élites económicas. Slim y sus pares han gozado de un sistema de justicia que los protege, con jueces dispuestos a congelar regulaciones que afectan sus negocios. Ahora que se plantea un modelo donde el pueblo tenga mayor participación en la designación de jueces y magistrados, es lógico que tiemblen aquellos acostumbrados a operar en la impunidad.

En temas internacionales, Slim se mostró escéptico ante las políticas económicas de Donald Trump, pero no criticó con la misma fuerza las imposiciones arancelarias que golpean a México. Trump acaba de violar un acuerdo con nuestro país al imponer un arancel del 25% al acero y aluminio, un golpe directo a nuestras exportaciones. La respuesta del gobierno de Claudia Sheinbaum ha sido firme: fortalecer la relación con China y diversificar el comercio para no depender de un socio tan volátil como Estados Unidos. Mientras Slim sigue ponderando el futuro de las inversiones privadas, el gobierno de México ya está tomando medidas para proteger nuestra economía.

La farsa del libre mercado y la concentración del poder

Slim sigue defendiendo que su empresa no es la “fuerza preponderante” del sector telecomunicaciones, un eufemismo que oculta la realidad: su dominio absoluto. Su insistencia en entrar a la televisión de paga no es un acto de justicia comercial, sino una ambición más para seguir acumulando influencia. Lo que no menciona es que su monopolio ha limitado por décadas la competencia real en telefonía, internet y otros servicios básicos para los mexicanos.

La llegada de la Cuarta Transformación y la eliminación del IFT abren la posibilidad de que el sector se regule con una visión más justa y equilibrada, donde los usuarios sean los beneficiados y no solo un puñado de empresarios. La presidenta Sheinbaum ha mostrado disposición para dialogar con el sector privado, pero siempre desde una posición de autoridad y con el interés público por delante. A diferencia de los gobiernos neoliberales que servían a Slim en bandeja de plata cada oportunidad de negocio, hoy se busca un modelo de desarrollo donde el bienestar social esté por encima de la acumulación de riqueza privada.

Trump, su traición comercial y la respuesta de México

Mientras Slim se preocupa por sus negocios, el gobierno de Estados Unidos ha demostrado, una vez más, que no es un socio confiable. Donald Trump, con su retórica proteccionista y xenófoba, rompió el acuerdo de tregua con México y Canadá al imponer un arancel del 25% al acero y aluminio. Esto contradice su propio compromiso de esperar hasta marzo para aplicar estas medidas. La excusa de Trump es la misma de siempre: “traer empleos de vuelta” a Estados Unidos, cuando en realidad solo está aplicando tácticas populistas para su campaña presidencial.

México, por su parte, ha respondido con firmeza. La presidenta Sheinbaum ha reforzado la presencia de la Guardia Nacional en la frontera, no solo para atender el tema migratorio sino también para asegurar que no haya caos comercial por esta nueva medida. Además, la estrecha relación con China se fortalece como un contrapeso a la dependencia económica con Estados Unidos. El gigante asiático ha respondido con aranceles propios, afectando a sectores clave de la economía estadounidense. Este es el costo de la política errática de Trump, que no solo perjudica a México sino también a los propios empresarios norteamericanos.

La urgencia de un gobierno eficaz y cercano a la gente

Finalmente, un ciudadano expresa su preocupación sobre la burocracia en el IMSS. La queja sobre la falta de sistema para gestionar pensiones es un reflejo de los retos que aún quedan por resolver en la administración pública. La digitalización de servicios es un avance necesario, pero no puede ser una excusa para retrasar derechos adquiridos por años de trabajo.

La presidenta Sheinbaum ha demostrado ser una líder pragmática, preocupada por mejorar la eficiencia gubernamental. No cabe duda de que este tema llegará a las instancias adecuadas para solucionarlo. La transformación del país no es instantánea, pero con un gobierno que escucha y atiende a la gente, los problemas heredados del viejo régimen seguirán siendo resueltos.

Conclusión: El fin del privilegio es el inicio de la justicia

Carlos Slim, Trump y los empresarios de la vieja guardia representan un modelo de país que benefició solo a unos cuantos. Hoy, con la Cuarta Transformación, se construye un México donde la riqueza se distribuye mejor, donde los monopolios no dictan las reglas y donde la justicia no es un privilegio de los poderosos. La presidenta Claudia Sheinbaum tiene la oportunidad histórica de consolidar estos cambios, y todo indica que lo hará con inteligencia, firmeza y compromiso social.