Acolman: cuna de las piñatas y tradición navideña

Acolman, Estado de México, es hogar de una tradición que trasciende generaciones y mantiene vivo el espíritu de las posadas navideñas: la elaboración artesanal de piñatas. Desde que en 1587 se celebraron las primeras misas de aguinaldo en el exconvento de Acolman, las piñatas han acompañado estas festividades, y hoy en día el taller “Piñatas Romanita” se erige como un símbolo de esta herencia cultural.
Fundado hace 40 años por Romana Zacarías, este taller ha transmitido su oficio a hijos, nueras y nietos, quienes mantienen viva la tradición familiar. Rosa María Hernández, nuera de la fundadora, relata cómo su suegra no solo perfeccionó el arte de las piñatas, sino que también lo compartió con otros, impulsando la creación de pequeños talleres en la región. Actualmente, en “Piñatas Romanita” trabajan nueve personas, entre ellas miembros de la tercera generación de la familia.
La piñata más emblemática es la de siete picos, que simboliza los pecados capitales y cuyo rompimiento representa la lucha entre el bien y el mal. Su elaboración inicia con el secado de globos que forman la base, seguido por la colocación de conos de cartón y el decorado con papel de colores y engrudo. Según Rosa María, este proceso requiere alrededor de 30 minutos por piñata. En temporada alta, el taller produce hasta 3,000 piezas de diversos tamaños y estilos, incluyendo las tradicionales de olla de barro.
Clientes de todo el país, desde la Ciudad de México hasta Puebla y Querétaro, acuden a este taller ubicado frente al histórico exconvento. Los precios varían desde 30 pesos por una piñata pequeña hasta 800 pesos por piezas de casi metro y medio. Aunque las ventas han enfrentado desafíos económicos, la tradición se mantiene vigente.
La importancia cultural de las piñatas de Acolman no solo radica en su uso festivo, sino también en su profundo simbolismo. Históricamente, las misas de aguinaldo se celebraban para atraer a los indígenas a la fe cristiana, aprovechando la coincidencia con festividades prehispánicas como el nacimiento de Huitzilopochtli. Estas ceremonias evolucionaron hacia las posadas, enriquecidas con piñatas que reflejan una narrativa religiosa y moral.
El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) reconoció en 2023 la relevancia de esta tradición al otorgar a Acolman el título de registro de marca de la “Piñata Artesanal Acolman Renace”. Este reconocimiento destaca la calidad y origen único de las piñatas elaboradas en la localidad, reafirmando su valor como patrimonio cultural.
Así, Acolman no solo es la cuna de las posadas y las piñatas, sino también un ejemplo de cómo la tradición, el arte y la espiritualidad pueden converger en una expresión festiva que trasciende generaciones, uniendo a comunidades enteras en torno a la alegría de la Navidad.