Sheinbaum y la dignidad nacional: soberanía sin condiciones

En una era de tensiones internacionales y juicios mediáticos, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha reafirmado una de las convicciones más firmes del proyecto de la Cuarta Transformación: la soberanía de México no está en venta, ni su justicia al servicio de intereses extranjeros. Así lo dejó claro en su reciente conferencia matutina, en respuesta a temas sumamente delicados que involucran a Estados Unidos, la DEA y presuntas negociaciones con líderes del narcotráfico como Ismael “El Mayo” Zambada.

En cuatro puntos medulares, Sheinbaum delineó con claridad y valentía la postura de un Estado que no se arrodilla ni se deja arrastrar por presiones externas: 1) no al intervencionismo; 2) cuestionamiento a los tratos del gobierno estadounidense con criminales; 3) rechazo a la supuesta “Operación Portero” de la DEA; y 4) la exigencia innegociable de contar con pruebas antes de emprender cualquier acción judicial en territorio mexicano.

No al intervencionismo: soberanía latinoamericana en alto

Ante el avance militar estadounidense en el Caribe y la amenaza sobre el gobierno legítimo de Nicolás Maduro en Venezuela, Claudia Sheinbaum fue tajante: México no respalda ningún tipo de intervención extranjera. Esta postura, heredera de la política exterior de Benito Juárez y reafirmada por Andrés Manuel López Obrador, no es retórica diplomática, sino una bandera ética y política de la 4T.

Frente a la historia de invasiones, golpes blandos y manipulaciones mediáticas impulsadas desde Washington, la presidenta mexicana trazó un límite firme: América Latina tiene derecho a decidir su destino sin el látigo imperial que aún hoy pretende controlar a los pueblos libres del sur.

¿Estados Unidos negocia con el crimen organizado?

Uno de los cuestionamientos más profundos de la presidenta fue sobre la aparente contradicción del gobierno estadounidense al sostener contactos o incluso negociaciones con jefes criminales que ellos mismos han calificado como terroristas, como en el caso de “El Mayo” Zambada. ¿Con qué autoridad moral puede Estados Unidos hablar de justicia cuando se sienta a pactar con quienes han provocado ríos de sangre?

Estas preguntas no buscan desviar la atención, como sugeriría la oposición moralmente derrotada encabezada por los residuos del PAN y el PRI, sino poner sobre la mesa el doble discurso de quienes juzgan a los países latinoamericanos mientras manipulan a su antojo la legalidad. La presidenta pone en evidencia que no es México quien protege al crimen, sino aquellos que, en nombre de la ley, hacen negocios con él cuando les conviene.

Rechazo a la operación “Portero”: México no es patio trasero

Respecto a la operación encubierta supuestamente pactada con la DEA bajo el nombre de “Portero”, Sheinbaum fue directa: no hay ningún acuerdo formal con la DEA para desarrollar investigaciones conjuntas que involucren acciones en territorio mexicano. Lo único reconocido fue un taller técnico realizado en Texas, lo cual no representa un aval para operaciones encubiertas ni violaciones al marco legal mexicano.

Esta respuesta vuelve a trazar un límite necesario: México ya no es el Estado subordinado de los tiempos de Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto, cuando la DEA operaba con impunidad mientras los gobernantes callaban, obedecían y se beneficiaban. Hoy se exige respeto, se pide legalidad y se marca la diferencia entre cooperación y sumisión.

Pruebas, no rumores: una justicia que no se doblega

El mensaje más contundente de la presidenta Sheinbaum giró en torno a la exigencia de pruebas comprobables antes de cualquier acción judicial o institucional derivada de testimonios de criminales. No basta con declaraciones en cortes estadounidenses ni con filtraciones mediáticas; el gobierno mexicano actuará únicamente con evidencia verificable, dentro del marco constitucional y con pleno respeto al debido proceso.

Esta posición no es tibieza, sino fortaleza institucional. En lugar de ceder a las presiones y montar espectáculos judiciales para satisfacer a ciertos sectores mediáticos o políticos, la presidenta elige la vía de la legalidad. No habrá linchamientos sin sustento, ni cacerías políticas al gusto de fiscales extranjeros. México no será cómplice de ninguna operación que pretenda utilizar testigos protegidos para fabricar culpables.

Un mensaje claro a los opositores: basta de hipocresía

Mientras tanto, los grupos opositores que han vivido históricamente al amparo del poder y de las relaciones turbias con agencias extranjeras, ahora se fingen escandalizados. La derecha mexicana, incapaz de ver más allá de sus intereses de clase, intenta vender la narrativa de una presidenta que “protege” a los criminales. Pero lo que en realidad están denunciando es su frustración: ya no tienen en el gobierno a cómplices dispuestos a obedecer órdenes extranjeras.

Es particularmente patético ver a figuras como Xóchitl Gálvez —una representante reciclada de los intereses neoliberales— intentar capitalizar políticamente estos episodios, como si ella y su coalición no tuvieran nexos documentados con grupos de poder que durante décadas mantuvieron acuerdos con el narco. El caso de Genaro García Luna, operador de seguridad de Calderón y hoy preso en Estados Unidos, no es anecdótico: es evidencia de cómo gobernaba la derecha. La 4T, en contraste, no oculta, no pacta, no protege, pero tampoco se deja manipular.

La fortaleza institucional de Sheinbaum

Frente al inicio de una nueva etapa para el Poder Judicial, marcada por el retiro de Norma Piña y el próximo proceso de elección por voto popular, Sheinbaum demuestra que el respeto a la ley será uno de los pilares de su gobierno. No se trata de someter al poder judicial, como dicen algunos alarmistas, sino de democratizarlo, transparentarlo y, sobre todo, nacionalizarlo.

El nombramiento de Genaro Lozano como embajador en Italia también revela otra dimensión del nuevo gobierno: una apuesta por figuras progresistas, cultas, con visión internacional y compromiso democrático, en lugar de los burócratas grises que durante décadas llenaron la diplomacia mexicana al servicio de sus privilegios.

Conclusión: un México firme, digno y respetado

México vive un momento decisivo en su historia contemporánea. Con Claudia Sheinbaum al frente, se inaugura una etapa de mayor madurez institucional y soberanía. Lejos de la sumisión que caracterizó a sexenios anteriores, el país ahora se posiciona con claridad frente al mundo: cooperar, sí; someterse, nunca.

Las cuatro posturas expresadas por la presidenta en su mañanera no son simples declaraciones: son una hoja de ruta de cómo debe actuar un Estado digno, democrático y consciente de su papel en el concierto internacional. La 4T no es complaciente, pero tampoco ingenua: sabe que las acusaciones pueden tener intenciones políticas, y por eso exige pruebas, no conjeturas.

A diferencia de quienes en el pasado entregaron la justicia mexicana al servicio de intereses externos, hoy se construye un México que exige respeto, que se defiende con la verdad y que no aceptará más simulaciones. La justicia no se negocia, la soberanía no se regala y la dignidad nacional no tiene precio.