Comerciantes de playa Revolcadero luchan por reactivar su economía tras meses de inactividad
Acapulco, Gro.– Con determinación y esperanza, prestadores de servicios de la playa Revolcadero, en la exclusiva zona Diamante de Acapulco, iniciaron este martes la colocación de aproximadamente 15 enramadas en una franja de 15 metros de arena que resurgió brevemente entre el muro del hotel Pierre Marqués y el rompimiento de la última ola. Esta acción representa un esfuerzo por reactivar su economía ante el próximo periodo vacacional de verano, luego de más de seis meses de inactividad casi total.

La naturaleza ha sido el mayor obstáculo para estos trabajadores. Desde el paso del huracán John en septiembre del año pasado, el incremento del oleaje y el nivel del mar había borrado prácticamente toda la franja de arena, impidiendo por completo el comercio y los servicios de restaurante. Apenas antes de la pasada Semana Santa hubo un breve respiro, pero desde entonces, las condiciones no permitían trabajar hasta las últimas horas, cuando el mar cedió ligeramente, habilitando el espacio mínimo necesario para instalar sombrillas, sillas y mesas, al estilo de Puerto Marqués.
Para llegar al único espacio disponible para laborar, los comerciantes deben cruzar un terreno privado de una hectárea y media conocido como “la puerta negra”, donde guardan parte de su mobiliario, ya que el mar sigue socavando la tradicional plaza de Revolcadero. El acceso principal, hoy por hoy, es intransitable.
Además del embate natural, la incertidumbre institucional se suma a los retos. Los concesionarios de la zona señalaron que, aunque existe un proyecto de reconstrucción impulsado por las autoridades del sector turismo tras el paso del huracán John, no han recibido información clara ni transparente. “Nos sentimos con los ojos vendados, no conocemos ni las medidas de los locales que pretenden construir, ni su ubicación ni la visibilidad”, expresaron con frustración. El proyecto, dijeron, es manejado bajo una especie de sistema por colores, como “un arcoíris”, pero sin especificaciones concretas.
Don Luis, restaurantero del lugar, compartió que la falta de espacio lo obligó a rechazar a dos autobuses llenos de turistas el pasado fin de semana. “Son mis clientes de años, tuve que mandarlos a Puerto Marqués porque no había cómo atenderlos aquí”, relató con pesar.
Mientras tanto, Jesús Castillo, mesero, apura el paso entre la arena mojada para servir una mojarra y camarones a tres turistas recién llegados, en una imagen que refleja la esperanza viva de quienes dependen del turismo para sostener a sus familias.
Los prestadores de servicios de Revolcadero no piden caridad, piden condiciones. Condiciones para trabajar, para ofrecer sus productos, para atender al turismo con la calidez que distingue a Acapulco. Confiados en que el verano será una oportunidad de recuperación, hoy demuestran que, pese a las olas, el espíritu de lucha permanece firme sobre la arena.